« Junio 2006 | Inicio | Agosto 2006 »

Julio 13, 2006

Contexto

Hace ya más de tres años que terminé de escribir en torno a la anarquía. Estas primeras palabras que escribo me irán llevando, espero, hacia una reedición que pretende corregir algunos detalles del original, ampliar la propuesta actualizando el contenido y volcar una mirada alimentada con tres años de vitalidad.

En aquel momento el Gobierno Argentino llamaba a elecciones para ese año en un contexto de Recuperación Social, Política y Económica capaz de apelmazar instintos rebeldes bajo el peso de la Esperanza. Los cacerolazos cedían el terreno a las Asociaciones Civiles o al vacío, las asambleas se iban transformando en fantasmas y la reunión casual e insostenible de piqueteros y caceroleros se hacía humo. Un año antes, el 1 de enero de 2002, la Asamblea Legislativa había designado a Eduardo Duhalde como presidente de la Nación en un mecanismo de truco-retruco que sorprendería al más avivado. Por arte de magia, los magos del Circo Democrático habían logrado el artificio de convertir en Presidente al candidato derrotado en 1999, año de las anteriores elecciones presidenciales ganadas por De La Rúa. La salida del “Desastre Institucional” no fue una consulta popular, un llamado a elecciones, un referéndum, o lo que sea, como reclamaban ciertos sectores políticos a los que les convenía, sino que sencillamente se fue avanzando paso por paso hacia la consolidación de un Gobierno Peronista a través de los recursos que da la ley de acefalía, donde se estipula la convocatoria a dicha Asamblea para que ésta designe a su vez al Presidente.
Las internas hicieron dar marchas y contramarchas a los Representantes generando así una sucesión de Presidentes más o menos provisionales cuyo último eslabón fue Eduardo Duhalde.
Mientras tanto y poco a poco los vecinos fueron volviendo despacito a su estado tradicional de aceptación de los mandatos y de obediencia debida. No tardaron los aparatos políticos en copar todos los espacios posibles y, como era previsible, lo que alguna vez fuera una situación particular se convirtió en una escena más de la tristemente larga lista de escenas de chispazo y apagón. Como saldo 30 muertos, aumento de recursos y argumentos para el acervo de los Demagogos y Amenazadores, y un caldo de cultivo bien fecundo para la gestación y crianza de un Nacionalismo cada vez más totalitario. Pero en medio de semejante panorama, esa pequeñísima luz de la fisura que se abre se mantiene tal vez latente, tal vez mucho más latente de lo que uno quisiera, pero está como referencia. Lo que pasó pasó, es decir, no es posible negarlo mientras estemos dispuestos a darle sentido.
Hoy que retomo por un rato la escritura de este libro una instantánea de lo que hay muestra que la situación social evolucionó previsiblemente. Las elecciones del 2003 terminaron por depositar en el Gobierno Nacional a un Gobernador Peronista que, salido de las sombras, terminó por acomodarse en un sillón de Rivadavia campechano a la moda del Teniente General Juan Domingo Perón. Los comicios que lo consagraron han sido un despilfarro de demostraciones de la perversión y el sinsentido que hay detrás de los comicios. Una dispersión de candidatos se repartía en distintas listas inexistentes hasta el momento. Todos ellos pretendían capitalizar la protesta popular y resignificar el slogan “que se vayan todos” para adecuarlo a sus argumentos y discursos particulares. Sin embargo todos tenían una larga trayectoria en la Política Partidista de la Argentina y en el ejercicio de la Función Pública. La mayor parte de los candidatos venían de los dos partidos tradicionales. Como suele ocurrir, el Peronismo ganó y logró que dos de sus candidatos fueran a balotaje, pero la renuncia de uno de ellos despejó el camino. Así fue como el actual Presidente Néstor Kirchner asumió el Gobierno Nacional con el voto de 4.232.188 personas, lo que equivale más o menos al 12% de la población, habiendo perdido la primera vuelta. La abstención de electores alcanzó un 14% (algo más de 5 millones de personas), a pesar de que aún implica delito. La lectura mediática de estos números fue unánime: todos manipularon la información para mentir (y fabricar) una fiebre democrática. El discurso de los Medios Formadores de Masas consistió en promover la idea de que la población se volcó masivamente a las urnas con la esperanza de lograr así un Gobierno Justo, y puede sintetizarse en los informes de los dos periódicos más influyentes del país de los días siguientes. Mientras Clarín titulaba su informe “Una fuerte participación enterró el voto bronca y dio paso al voto útil”(Clarín, 28 de abril de 2003) La Nación rezaba “Fue muy alta la participación ciudadana y no se registraron incidentes graves”(La Nación, 29 de abril de 2003).
Lo cierto es que nadie mencionó que la abstención del 20% del padrón fue histórica. Desde 1983 la abstención de voto en las presidenciales argentinas aumentó elección tras elección: 14,4% en el '83, 14,7% en el '89, 17,9% en el '95, 19,5% en el '01 y 20% en el '03. En su momento, en un artículo llamado “Argentina se incorpora al mundo” opiné que “lo interesante del asunto es que el 18 de mayo se vota de nuevo entre dos candidatos que tuvieron mucho menos aval que rechazo. Uno de ellos será el presidente a partir del 25 de Mayo [...] Pero aún más significativo es, creo yo, que todos, políticos y periodistas, coincidan en que ganó la democracia y titulen y festejen la masividad del electorado cuando en realidad fue la elección presidencial con menor cantidad de electores desde 1983.
La perfecta coherencia mediática y política nos muestra cuáles son los intereses en juego. Las rivalidades entre los distintos sectores internos del poder político quedan de lado cuando está en juego la integridad del sistema de opresión, y lo que se busca a toda costa en los comicios es la legitimación pública de la institucionalidad. Los sacrosantos medios [de comunicación] trabajan persistentemente en la construcción de la Opinión Pública y la inyectan con la majestuosa efectividad de la Hegemonía Mediática. Casa por casa, los aparatos de televisión homogeneizan la visión de una realidad teledirigida. La tecnología de la información avanza demoledoramente sobre cabezas sin crisis, sin cambio, sin capacidad de establecer una lectura crítica del bombardeo, sin la reacción mínima necesaria para recordar las bombas cuando se fueron los aviones.”
De todas formas es imprescindible resaltar que esa primera minoría de cinco millones no dice nada positivamente, sino que solamente comunica una negación que puede ser rechazo, pero que puede ser también desidia, indiferencia, apatía o simplemente imposibilidad. La salida a la cultura del Poder habrá de expresarse en la construcción de otra cultura, y los recursos para esa construcción están todavía ausentes.
En cualquier caso, la pantomima electoral dio un gran paso hacia la deslegitimación que merece. El problema está en los mecanismos de procesamiento más o menos automáticos de la información. En el consumo de Ideas mediatizadas encontramos un Procesador que vierte su Producto en la voracidad de las ideologías hambrientas de facilidad y garantías de algún tipo. Esta voracidad masifica, homogeniza, absolutiza los pensamientos y lleva la opinión y el comportamiento a extremos peligrosos. Éste es el marco ideal para que la Doctrina opere.
Kirchner el Peronista conoce, usa y promueve esta condición miserable. Divide en dos y conduce las riendas de un carro tirado por dos bestias. Cuanto más furia haya en ellas más ceguera habrá y más habrán de tirar del carro en la ambición del heroísmo y la competición. Para ello es imprescindible el sacrificio, el mito y la manipulación del pensamiento simbólico. Repasa el camino seguido por Perón con una mimesis tan mecánica que se vuelve predecible y aterra.
El mito de la Nación es un Mito Poderoso y es un Mito del Poder. Aglutina y masifica y llama a la Voluntad General. Ese Mito necesita de otro Mito y viceversa. Ese otro mito es el mito del Desarrollo Global. Ambos convocan la imagen del Padre, del Jefe bonachón que proteja y privilegie. Pertenecer. El hijo sometido y el hijo desafiante. La Nación Independiente vs. la Nación Integrada que se codea con los Grandes. En medio de estos tensores de la Política Nacional, la Patria adjudica privilegios a los Hombres de Estado y a los subalternos de toda especie. En todo caso, sí puede decirse que, detrás de los discursos, hay proyectos más nacionalistas que otros. Lo que no puede decirse es, delante o detrás de los discursos, que haya Proyectos Políticos de Liberación.
La idea misma de Liberación es una idea falaz. Supone la libertad como una independencia que puede conseguirse e incluso otorgarse, y adjudica la capacidad de otorgamiento de la descarga al grupo de Hombres devenidos en Héroes Patrios, en Próceres de la “Nueva Patria”.

---------------------------------------------------------------
notas:

nota 1: ley de Acefalía 20.972, promulgada el 21 de julio de 1975. “Su texto establece que el Presidente Provisional del Senado (es decir Puerta) deberá convocar a la Asamblea Legislativa, que a su vez elegirá a quien completará el período. El proyecto concebido por José López Rega en los días del rodrigazo, establecía que serían elegibles los senadores, diputados y ministros del Poder Ejecutivo, lo cual lo incluía. Pero Italo Luder y Vicente Saadi frustraron su propósito al reemplazar ministro por gobernador, es decir siempre funcionarios electivos”. Horacio Verbitsky, diario Página/12, edición del 16 de diciembre de 2001.


nota 2: Néstor Kirchner fue el último recurso de Eduardo Duhalde para mantener en pie un proyecto Nacionalista capaz de enfrentarse al Neoliberalismo de Carlos Menem y Fernando De La Rúa. Antes habían fracasado sus intentos con De La Sota y Reutemann. Detrás de este proyecto estaban también Raúl Alfonsín y Chacho Álvarez, entre otros socios destacables de la burguesía nacional.

nota 3: Carlos Menem, ex presidente argentino, luego de salir de prisión y procesado por contrabando de armas (entre otros delitos) logró un aval de alrededor del 15% de la población (4.686.675 votos). Los números aquí vertidos corresponden a lo publicado por el diario La Nación en su edición del 29 de abril de 2003, confrontado con las cifras del INDEC (Instituto Nacional De Estadísticas y Censos) correspondientes al censo 2001 según el cual la población de la República Argentina alcanza los 36.360.130 habitantes.

nota 4: Cifras tomadas del diario Clarín en internet correspondiente al lunes 28 de abril del 2003