nudo borromeo
original en http://es.wikipedia.org/wiki/Nudo_borromeo
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escrito en 2004 para mujeres creativas
Conscientes de la componente cultural de las relaciones sociales en lo político y en lo económico, aquellas personas atentas a la transformación de nuestro mundo, aun desde el progresismo, nos preguntamos acerca de la educación como medio transformador. Se abre entonces ante nosotros un camino incierto y tal vez fecundo. El desafío de todos aquellos que pensemos en la función social de la educación y que tengamos intención de transformar esta sociedad se caracteriza por su complejidad y por la necesidad de mirarnos en espejos crudos que nos muestren qué cambiar en nosotros mismos y en nuestra actividad.
Es evidente que no somos los únicos en reflexionar en torno a la educación como instrumento político. Ningún plan de gobierno ha desatendido jamás este aspecto central del domino social. Ya sea desde la llamada "educación formal" o desde cualquier otra forma de educación, llámese medios de comunicación, formación laboral o empresarial, o cualquier forma de propaganda, la formación de los habitantes ha sido siempre un instrumento que los sistemas políticos han sabido usar apropiándose de los mecanismos necesarios para controlarlos de la forma más eficaz y hegemónica posible.
En este sentido parece fácil distinguir entre el enfoque reproductivo o el transformador de la educación. Ya se nos vuelve raro hablar de instrucción cuando hablamos de educación, y se ha vuelto más corriente la idea de formación para quitar del medio esa incómoda idea de sometimiento que se liga a la idea de instruir. Pareciera ser suficiente el constructivismo en reemplazo del conductismo, discusión ya un tanto avejentada, para que la educación deje de ser reproductora del orden social existente y pase a ser el órgano transformador por excelencia. Pero cabe la pregunta: ¿Hasta dónde puede la educación como instrumento social generar una genuina transformación? ¿Bastará modificar esquemas pedagógicos o habrá que ir un poco más allá?
En la idea misma de educación, aun en las más progresistas y hasta en las que presumen radicalismo, se carga implícitamente con la noción de conducción, incorporada en la idea y en la misma palabra. Ni hablar de los hechos. Sea "conducir hacia fuera" o "conducir desde fuera" la educación implica siempre una extracción. En tanto existe el educador y el educando, la extracción es conducida por la parte activa de la fórmula. Suele sugerirse que el actor es el educando, que es el alumno, ya despojado de su condición de hambriento, de su incultura, quien saca de sí mismo su alimento, su cultivo, su cultura. Y entonces educar es un ente autónomo, la botella sacando su vino, un recipiente autogestionario que toma de sí su saber y lo ofrece a la sociedad. Entiendo esta idea más fundada en la culpita que da someter y en la necesidad de justificar el sometimiento que persiste, que en la de una formación genuina, un auténtico desde adentro, aunque sea individual. Ese "conducir hacia fuera" no explica la existencia del educador, que en todo caso debería ser motivador, catalizador, o lo que sea menos conductor de algo que se conduce solo.
Entiendo mejor la idea del paciente dócil que es conducido hacia la cultura por un conductor que extrae de él los elementos de su naturaleza que le harán asumir el pacto social, el producto de su cultivo, y se lo deja como capital para su futuro desempeño. Esta sería la idea más exagerada del "conducir desde fuera".
Desde la experiencia cívica de la educación, pudimos y podemos comprobar que existen los matices, que nadie educa pensando en la raíz latina de la palabra sino en el contexto social en el que está, en el salario que recibe, y, muy habitualmente, en la siesta postergada por asuntos de la planificación y de la corrección de exámenes. Pero el mecanismo que se aplica en la educación formal no es en lo fundamental sino el mecanismo de la conducción. Y en la educación no formal ese mecanismo es aún más evidente. Los medios de comunicación conducen la opinión, la reflexión (cuando la hay, raramente) y la reacción de los educandos de una manera ya tan notoria que avasalla. En la estructura tradicional del seno familiar, ámbito materno regido por el padre, aparece también el mismo mecanismo. Padre y madre imponen condiciones, a veces más conscientemente, a veces menos, que son inculcadas a los hijos en la crianza, "con la leche templada y en cada canción" parafraseando a Joan Manuel Serrat. Y esta crianza no se acaba con la infancia, donde los límites de la conducción aparecen más borrosos y difíciles de determinar, sino que se extiende tanto como se extienda la influencia formativa de los padres sobre los hijos. En cada ámbito en el que la educación aparece, aparece la conducción y con ella la reproducción de las condiciones culturales de los educadores en los educandos. Esta reproducción es inevitable en tanto la formación esté en manos de la educación.
El educador es quien prepara la tierra, pone la semilla, riega y supervisa los brotes hasta completar el cultivo del inculto, del alumno, con miras a la reproducción de la cultura. El educando es el campo en que se siembra, el terreno de cultivo. Si se plantan manzanas, crecerán manzanas, y, aunque siempre existe el error, no dejará de serlo. El hombre culto es aquél que ha sido trabajado, que ha sido cultivado, y que ha rendido frutos. En la efectividad del sistema radica la pureza del jugo que habremos de beber.
De nuevo en los matices, es sabido que hay prácticas docentes que se esfuerzan por salir de esta situación, que buscan en la educación el ámbito transformador que ofrezca al individuo un contacto con la cultura presente sin que esto le quite el juicio crítico y sin pretender interponerse en la formación de la nueva cultura que se desprenda de su papel activo. Pero entiendo que la estructura educativa es mucho más amplia que el campo de acción de un educador y que la utilización misma de la palabra educación expresa la mecánica social educativa, es decir, la conducción del tránsito formativo del individuo dirigiéndolo hacia el horizonte de los intereses creados en la sociedad presente, aun cuando esos intereses sean, en el caso puntual de un docente, contrarios a los que rijan hegemónicamente la coyuntura política.
"Cada maestrillo tiene su librillo" es una frase trillada en el ámbito docente, trillada como se trilla la tierra, trillada para sembrar. ¿Quién puede esquivar, aún con la mejor cintura, los condicionantes de la escuela, de la ley, de los ministerios, de las supervisiones y, como un juego de espejos enfrentados, de la formación docente? ¿Cuánto vive un maestro y cuánto vive una escuela? ¿Y cuánto la escolaridad? Se nos enseña que se enseña lo que se quiere enseñar, para que creamos que enseñamos lo que queremos. El campo de acción de, en el mejor de los casos, un enseñante institucionalizado, es decir, de un docente sin voluntad de conducir, está restringido drásticamente porque el poder quiere educar, y para eso su gendarme, el sistema educativo, opera ley en mano para evitar rebeldes.
La herencia positivista e iluminista de nuestro pensamiento progresista nos confunde. Estamos acostumbrados a creer que la razón nos libera y que es posible emancipar con la verdad. Se nos ha pasado de vista que no hay razón ni verdad, sino modos, voluntades, vivencias e interpretaciones. Formas. No es la razón quien nos libera, sino el modo en que la usemos. No hay verdad que pueda iluminarnos con la incontestabilidad de los hechos. Si fueran los hechos tan absolutos y tan manifiestos a nuestro entendimiento, si existiera la objetividad, no existiría la historia, no sería necesaria. Sin embargo, aunque no existe la verdad, sí existe la mentira, que no es otra cosa que la presunción fraudulenta de la verdad. Y esta mentira es más efectiva en la medida en que la educación persiste, pues quien controla la educación controla la verdad. Y lo peor de este asunto, es que la educación es controlable.
La dependencia tecnológica de los medios de comunicación, y la dependencia económica de la tecnología, permiten que unos pocos concentren en sus manos la fuerza educativa de los medios de comunicación. El control político de las sociedades gobernadas hace posible que unos pocos controlen la institucionalidad y diseñen el currículo escolar. La concurrencia de intereses entre ambos es la tenaza educativa de los totalitarismos, sean despóticos o democráticos. Pensar en un sistema educativo capaz de eliminar la conducción de su vientre, es pensar en un sistema educativo que no eduque, y a la vez pensar en un sistema de gobierno que no gobierne. Desde el momento mismo en que el alumno del profesorado recibe su titulación, puede estar seguro de que el sistema de acreditación es la partida de defunción de sus intenciones libertarias, si es que alguna vez las tuvo y no las ha perdido en tantos años de arados y de trillas.
El racionalismo heredado del formalismo lógico de Aristóteles, fortalecido, sacralizado y teologizado por la escolástica medieval, se transformó en cimiento estructural de la cultura de occidente. En la razón hallamos una forma de certeza distinta a la fe religiosa que se caracteriza por acreditar con la argumentación lógica de los silogismos una verdad siempre tan ocasional y revocable que de verdad sólo tiene la arrogancia y el autoritarismo.
Si bien la utilidad política de este racionalismo es, creo yo, evidente y manifiesta a esta altura, es importante señalar que no tiene contrato de exclusividad con ninguna corriente política. Tanto los que intentaron e intentan sostener lo insostenible, aquellos que buscan las mil formas de legitimar el robo con la propiedad, la injusticia con el derecho, la esclavitud con el salario, la obediencia con la opción electoral, y los etcéteras que haya, como los que intentan e intentaron modificar esa situación y sancionar esas legitimaciones insalubres, han fundado y suelen fundar en la razón los argumentos que defienden, y en la irracionalidad los argumentos que combaten. Esto no quita que buena parte de los tensores sociales y políticos de occidente sigan amparándose en la fe religiosa para perseguir los mismos fines. Y es que lo que se reclama, desde cualquier perspectiva de estas, es la posesión de la certeza. La determinación de la certeza es la presunción de verdad, y en ambos casos creo yo que se incurre en un error, que es perder de vista la vulnerabilidad del pensamiento humano, la flaqueza de su constitución, la dependencia que experimenta respecto a la convicción individual y colectiva en un momento dado, en una sociedad cualquiera, en un día de primavera o de otoño.
No es la razón el problema, como tampoco es la fe. El problema es la doctrina. Cuando una mecánica ofrece todas las respuestas, cuando una sola parte del pensamiento humano basta para resolver con absolutismos toda cuestión, el pensamiento se torna obediente a la ley que él mismo inventó. Y obedecer a las propias órdenes no deja de implicar obediencia. La idea de que la libertad consiste en obedecerse a sí mismo es equivalente a la idea de que si la cachiporra la tengo yo me dolerá menos cuando castigue mi cabeza. Es esta idea la que se reivindica en los asuntos de la ley y del derecho, de los parlamentos y las democracias, aun cuando también es mentira. Se dice que los parlamentarios representan a la población, y que por lo tanto la opinión de uno es la opinión del otro (primera mentira) y que siendo así, la ley expresa la voluntad de la población, de modo que obedecer a un Estado parlamentario equivale a vivir en libertad (doctrina de la cachiporra en mi mano).
Habiendo aclarado esto, vuelvo al racionalismo heredado. La presunción (o, en el mejor de los casos, la convicción) de verdad llevó a los educadores más honestos por el camino de la instrucción. Y digo "a los más honestos" porque a los otros los llevaron motivos diferentes. El punto es que la instrucción es un asunto técnico que se refiere a la incorporación de capacidades por parte de los alumnos a través de su contacto obediente con los instructores, presumiblemente ya instruidos. Sólo puede hablarse de instrucción cuando es posible la objetivación del saber, cuando las valoraciones sobre el comportamiento pueden ser categóricas e inobjetables, y cuando el método para el buen desempeño puede ser poseído incontestablemente por los individuos. La instrucción implica una capacitación objetiva, y es por eso que hablo de técnica.
Aristóteles creía en la técnica como una abstracción que permitiera saber el por qué de las cosas. De esta forma, el técnico superaba al práctico, que sólo sabía el cómo. Así era como el práctico veía sus capacidades reducidas a los casos particulares mientras que el técnico accedía a la generalidad. De esta forma, la técnica ofrece la capacidad de resolver cualquier problema en el ámbito de su competencia de manera certera y objetiva. El hecho de que la tecnología ofrezca un territorio dócil para la técnica hizo que la funcionalidad de la técnica se expandiese a todos los órdenes de la formación cultural en una sociedad tecnologizada. La escuela contemporánea se desarrolla y se expande masivamente con el hiperdesarrollo de la industria en busca de una formación eficiente de los nuevos esclavos, es decir, de los trabajadores industriales asalariados que debían tener un conocimiento técnico más complejo que los trabajadores agrarios. La creciente complejidad de la sociedad en términos de producción y de productividad impuso en la escolarización una complejidad análoga. Al mismo tiempo, la moral, como técnica del comportamiento social, se volvió cada vez más necesaria y, por lo tanto, cada vez más útil.
La hipocresía democrática (o, en el terreno de los grises, la buena voluntad de algún demócrata honesto) llevó a que la instrucción cediera el terreno a la educación, entendida desde una óptica un tanto más liberal. Actualmente ya casi no se admite la instrucción como recurso formativo a causa de la imposición doctrinaria que implica. La instrucción usurpa la voluntad de quien es instruido e impone el absolutismo de la técnica. Como dije anteriormente, la educación, desde el punto de vista de los educadores, presume de una liberalidad que no es real en tanto media la conducción de la experiencia formativa, y en ese sentido representa sólo un avance respecto de la instrucción, pero no alcanza a despojar la formación del yugo controlador de las imposiciones. Y esto se debe, creo yo, a que no está concebida sino para reproducir los factores culturales de una sociedad que garantice la funcionalidad del esquema social existente. Las luchas sociales y la evolución de la cultura han ido generando nuevas situaciones que afectan a la vida social. Ya no es masivamente aceptable que un negro sea capturado en la sabana, atado de pies y manos y vendido en el mercado de esclavos para que trabaje para su dueño hasta el día de su muerte. Ya no es aceptable que el campesino proletario pague sus impuestos con su prole entregándolos como mercancía. Ahora es aceptable que un asalariado trabaje para su patrón sin necesidad de cazarlo en la sabana, sea negro, blanco o amarillo, aunque los patronos siguen prefiriendo a los negros y mestizos, quizás por tradición. Es aceptable que trabaje durante toda su vida hasta el día de su jubilación, si la consigue, absteniéndose de trabajar para sí. Es aceptable que el destino social de una clase de personas sea trabajar, el de otra consumir y el de otra concentrar los bienes económicos de la sociedad en los baúles agigantados del mercado financiero.
La educación, semivestida con una bandera tricolor en el frente de batalla, desplaza a la instrucción como mecánica reproductiva, como instrumento de control y como gendarme de la esclavitud en tiempos de la esclavitud asalariada y de la servidumbre condescendiente y cómplice. Ambas expresan mecánicamente la lógica de control técnico-moral de una sociedad en momentos diferentes, sean lógicos o cronológicos. A pesar de los iluminismos y de las liberalidades, o a causa de ellos, ninguna servirá para la transformación social con miras a una sociedad libertaria.
Dar forma. El desarrollo de una cultura puede estar en manos de sus propios creadores en tanto el proceso formativo de esa cultura no tenga que lidiar con liderazgos ni conducciones. El proceso de formación cultural es necesariamente social. Este aspecto de la formación hace que según se ordene la sociedad de una u otra manera, la formación será, correspondientemente, jerárquica o anárquica. Si la sacralización de los liderazgos hace de la democracia una jerarquía, la ruptura del orden cultural que establece el liderazgo abre la puerta a la horizontalidad de los vínculos sociales. El proceso formativo está en manos de quienes dan la forma a la nueva cultura. Si lo que se busca es que la formación no sea meramente un eufemismo para la reproducción social, debe estar en manos de las nuevas generaciones. El presente cultural ha de ser en tal sentido, un referente para el proceso formativo, y este proceso es, entonces, un diálogo dinámico. A partir de aquí, la sinonimia progresista entre educación y formación desaparece, siendo la educación un caso particular de formación caracterizado por los recursos de la conducción y el liderazgo.
El enseñante enseña, y mostrando ofrece su vivencia particular, su mundo de interpretaciones y sus convicciones, para que los formadores tengan a mano las herramientas que la sociedad ha ido construyendo a lo largo de la historia y puedan así servirse de ellas para construir lo que quieran construir. La transformación social no implica necesariamente la "revolución cultural" entendida como la destrucción completa y fulminante del antiguo régimen, sino la caducidad de la antigua lógica, y la conservación de los aspectos útiles de lo anterior. Pero esa utilidad es considerada por las nuevas generaciones al dialogar con la cultura existente, quienes conservarán lo que consideren útil y adecuado, y no por los delegados de la anterioridad buscando pervivencia a fuerza de usurpar voluntades y conciencias.
La formación entendida de esta manera puede ser llamada formación autogestionaria sin temer el uso de una idea tan manipulada como la autogestión. Si la gestión es el hacer, la autogestión es el hacer por cuenta propia. El prefijo "auto", proveniente del griego "autós", hereda semánticamente la idea de "sí mismo". Un automóvil se mueve por sí mismo como un autogestor gestiona por sí mismo. En tal sentido, la autoridad es la capacidad de ser "sí mismo". Acostumbrados a delegar también esa capacidad, democráticamente asumimos la autoridad como la imposición aceptable de una identidad sobre otra, y recurrimos a la palabra autoritarismo para denunciar un exceso en tal atribución. Lo que perdemos de vista es que tal delegación es de suyo antilibertaria en tanto que priva al individuo o a la comunidad de la capacidad de decidir por cuenta propia todo cuanto haga a su existencia misma, a su capacidad de ser. Un proceso de formación no reproductivo implica la no delegación de autoridades, y es por eso que debe ser autogestionario.
Saliendo de la disyuntiva revolución versus evolución, el proceso dinámico de la transformación dialoga con un viceversa conflictivo en tanto requiere de una nueva cultura social para establecer nuevos vínculos sociales a la vez que necesita de nuevos vínculos sociales para crear una cultura nueva. Esta situación hace de la reflexión en torno a los procesos formativos tendientes a la transformación social, un territorio profundamente exigente y complejo que merece un cuestionamiento radical de lo presente en el orden colectivo y en el orden individual. No creo que sea posible escapar del más visceral y crudo cuestionamiento individual por parte de los que nos dediquemos, aunque sea por un rato, a tratar el tema. Tampoco creo posible tratarlo sin apuntar nuestro cuestionamiento a las raíces de la sociedad presente. En tal sentido es un camino potencialmente desintegrador, si bien el desafío es ubicar la integridad en un sitio diferente a la autoafirmación reaccionaria.
Pienso que los docentes y los educadores en general que tengan con honestidad este propósito habrán de enfrentarse a una incertidumbre por momentos amenazante y desalentadora. Es imprescindible, entonces, que recuperemos la idea de proceso que nuestra sociedad hipertecnológica nos ha robado y que demos tiempo a lo que necesita tiempo, y no perdamos de vista que la integridad no depende de la fortaleza o de la flexibilidad como absolutos dicotómicos, sino que requiere de una lúcida capacidad de relacionarse dinámicamente con la incertidumbre. Y es justamente la incertidumbre la que dará lugar a la transformación, en tanto deje abierta la posibilidad de que nuevos horizontes aparezcan.
Es preciso practicar activamente, realizar experiencias y generar espacios que puedan dar lugar a los nuevos vínculos sociales que sirvan como mediadores para la nueva cultura. Estos nuevos vínculos no serán tan nuevos, ya que los que estamos en juego aquí, en tanto enseñantes potenciales, fuimos formados más de lo que nos hemos formado, y llevamos en la piel y bajo ella las pautas culturales propias de una sociedad que no muestra intención alguna de abrir espacios para la transformación. Sin embargo estos nuevos vínculos sociales pueden ser muy nuevos, en tanto sean propuestos desde una reflexión radical y con claros propósitos libertarios.
Se trata de meter la cuña en la fisura de los muros que sostienen la estructura social. Para esto es también fundamentalmente necesario que nos aboquemos a nuestra formación como autogestores, que abandonemos la delegación de las autoridades hoy depositadas en la acreditación escolar y en la formación académica. Lo que un enseñante puede ofrecer, que no es poco, es su propia vivencia, y a la hora de servir de referentes para las nuevas generaciones, es imprescindible que tengamos algo que ofrecer en cuanto a la formación autogestionaria.
Así como la formación cultural es siempre social, las respuestas activas a los asuntos sociales son siempre colectivas. No porque nieguen los procesos individuales ni desconsideren las situaciones vitales siempre únicas del individuo, sino porque la misma individualidad es asunto social. No podemos permitirnos evadir la confrontación creativa, el diálogo reflexivo y la interacción, situaciones propias de la labor colectiva, ni podemos permitirnos masificar la experiencia y evadir nuestro ser individual. De hecho tales permisos serían extremadamente perversos en tanto no habría más motivo para desearlos que la dependencia obsecuente respecto de las actuales hegemonías.
El desafío es enorme y tan intenso como la plenitud que alcanza la idea misma de la libertad. De la infinitud de alternativas que podamos imaginar y de su puesta en marcha como experiencia social, habrán de surgir las nuevas posibilidades, los nuevos intentos de transformar esta sociedad en una que sirva.
por Dani Broitman
fechado el 11-11-2002, publicado en Asociación Cultura Paz y Solidaridad Haydée Santamaría
Ayer a la noche un terrorista palestino entró al kibbutz Metzer, asesinando a sangre fría a una mujer, al secretario del kibbutz, quien le salió al paso, y terminando la carnicería con el asesinato de una madre y sus dos hijos, de 4 y 5 anos, dentro de su propia casa. El kibbutz Metzer, está aquí, muy cerca del mío, tan pegado a la línea verde y a los territorios ocupados como el mío. En el están viviendo desde hace un par de semanas una prima de Marisa, con su esposo y su bebe, quienes llegaron a Israel hace tres meses. Su bienvenida a este país incluyó una larga noche encerrados a oscuras en su casa, aterrados, escuchando balazos, sabiendo que a pocos metros de su casa, había gente que estaba siendo asesinada. El secretario muerto del kibbutz era además educador, y trabajaba junto con Marisa en una escuela de la zona. Esta vez el golpe fue cercano, tanto geográfica como personalmente. Así como ocurrió allí, puede pasar aquí. Por eso este testamento hipotético:
Ayer a la noche un terrorista palestino entró al kibbutz Metzer, asesinando a sangre fría a una mujer, al secretario del kibbutz, quien le salió al paso, y terminando la carnicería con el asesinato de una madre y sus dos hijos, de 4 y 5 anos, dentro de su propia casa. El kibbutz Metzer, está aquí, muy cerca del mío, tan pegado a la línea verde y a los territorios ocupados como el mío. En el están viviendo desde hace un par de semanas una prima de Marisa, con su esposo y su bebe, quienes llegaron a Israel hace tres meses. Su bienvenida a este país incluyó una larga noche encerrados a oscuras en su casa, aterrados, escuchando balazos, sabiendo que a pocos metros de su casa, había gente que estaba siendo asesinada. El secretario muerto del kibbutz era además educador, y trabajaba junto con Marisa en una escuela de la zona. Esta vez el golpe fue cercano, tanto geográfica como personalmente. Así como ocurrió allí, puede pasar aquí. Por eso este testamento hipotético:
Si me matan en un atentado, por favor, acusen de mi parte a mi país, que tan poco se interesa por la suerte de sus ciudadanos. Que está dispuesto a pagar un precio tan alto en sangre, durante años, solo para seguir controlando personas y territorios que no le pertenecen. Expliquen que como israelí, solo podré acusar a mi primer ministro y mi ministro de defensa, de haber faltado a su juramento. De haberlo hecho todo para defender a un grupo de colonos mesiánicos y fascistas, aun a costa de la gran mayoría de la población. De haber hecho todo lo posible para imposibilitar cualquier acuerdo, cualquier arreglo que nos permita vivir en paz y dignidad con quien vive hoy bajo nuestra bota. Si me matan en un atentado, sepan que quien lo perpetró es un asesino. Pero que no fue creado de la nada, sino que es una de las tantas consecuencias de la ocupación, de los atropellos cotidianos, de la opresión continua, de la negación absoluta de todo derecho, del hambre, el robo, las expulsiones y los crímenes. Dejen en claro que la ocupación es una fabrica permanente de monstruos, de esos que no dudan en dispararle a quemarropa a un bebe, de esos que se suicidan llevándose consigo a hombres, mujeres y chicos
La constitución especular del deseo nos viene condenando a la peor parte del eterno retorno. La reproducción de aquello que fuera combatido en la revolución, se nos vuelve eternamente ejercicio de la nueva represión, motivo de futuras torpes batallas para deshacer lo hecho. Lo que espanta es descubrir siempre el mismo mecanismo que señala una ceguera estructural, o una falta en la mirada.
La observación cada vez más sutil del individuo, de su condición de sujeto y del universo de incidencias estructurales en su comportamiento, nos llevaron a lo largo del tiempo hasta un siglo veinte repetido de vértigo y contradicción. Es en la psicología, en su feroz y drástica individualidad, donde encontramos los datos más rotundos de nuestra sociedad, y es en la estructura social de la antropología, donde encontramos los datos más esclarecedores de nuestra individualidad psíquica.
La constitución, entonces, especular del deseo: salvo que nos decidamos a abandonar el patriarcado y el arkhé (y aquí aparece una contraparte interesante del eterno retorno), estamos condenados a repetirnos con el único atenuante moral del crecimiento y la sofisticación.
Nuestro pensamiento es producto de nuestro pensamiento, lo que supone una continuidad cíclica, una cadena de saberes sin fin ni principio. Nuestro pensamiento, el de ahora, es producto de nuestro pensamiento, el de antes. Aquello que nuestro pensamiento dio como contribución al comportamiento fue observado por nuestro pensamiento y vuelto a ser volcado en acto hasta traernos hasta aquí, un aquí que observa mirando para atrás y viendo aquel atrás distorsionado. Nuestro pensamiento, el de antes, es producto de nuestro pensamiento, el de ahora. Mirar es un asunto ideológico, con su ética y su estética sin ordenamiento, sin coherencia alguna más que la que resulta a martillazos y a fuerza de resignación.
La psicología y la educación, el hábito y la supervivencia, todos los espejos, nos han ido enseñando a ser espejo, nos hemos ido enseñando a imponer o ceder, vencedores y vencidos, a “bailar a los soldados” cuando cabos, igualito como los cabos nos “bailaron” a nosotros cuando éramos soldados.
Pero esta particular mecánica de los reflejos no supone en absoluto el agotamiento de la reflexión. Aún suponiendo, como supongo, que no hay forma cultural concebible que pueda realizarse sin la reflexión, sin la proyección y el atributo diferenciador de las aberraciones y las distorsiones, esto no nos obliga, al menos filosóficamente, a la reproducción. Por el contrario, a la luz de las angustias presentes, una forma antiheroica de intentar un cambio profundo, un intento de fueguito prometeico, es anotarnos la memoria para lanzarnos un mapa, dejarnos una bitácora de náufragos para que la eventualidad de la futura condición no logre convertirnos en patriarcas, matriarcas, jerarcas.
¿Cómo serían las bitácoras esas?¿tatuajes en la piel, instantáneas con anotaciones en el revés de la imagen, como lo hacía el personaje de memento?¿un acuérdate sencillo y puro, sin objeto directo o indirecto?¿o es tal vez la maldición de la memoria el elogio del recuerdo?
A gritos recordar es como una condena, tan cruel y tan cruda como la condena del olvido. “El olvido está lleno de memoria”, dice Mario Benedetti; “Mis sueños son como la vigilia de ustedes”, dijo Ireneo Funes. Un recuerdo es un sueño soñado al revés: esta es la doble longitud de la memoria. En su redimensión, en la innecesidad de su confinamiento a lo pasado, el despliegue hiper transgresor tal vez pueda arrastrarla hacia el sinsentido, hacia la radicalidad de la referencia syncrónica. Acuérdate, el mandato de la memoria, es un mandato de pasado, lo cual junta en una misma sentencia los tres atributos lógicos del tiempo formal: el pasado, referido en la acción de recordar, el futuro, establecido en el mandato como tal, y el presente en el tiempo verbal y la gestión real de la sentencia.
Llegamos entonces a la paradoja temporal de la anarkhía: Acuérdate: el mandato de la memoria es un mandato de pasado.
Si logramos significar con la memoria la transversalidad de un tiempo no determinante, la noción de ese tiempo, la ubicación de nuestro estar haciendo en un contexto siendo, ocurriendo, activo y vital, contexto de “presente inflado” y no futurista o genealógico, entonces tendremos la posibilidad de separar a la memoria del sentido, despojarla, paradójicamente, del mandato que le habíamos impuesto: Acuérdate: la memoria existe y el pasado no (aunque, para ser más precisos, deberíamos decir con la memoria lo que dijo Deleuze con los incorporales, es decir, la memoria no existe, sino que insiste o subsiste).
Y es que la memoria se nos vuelve imprescindible porque es el atributo de conciencia que tenemos para saber de un nosotros colocado en el tiempo, atributo necesario para la superación evolutiva de obstrucciones sociales como la verticalidad y las dependencias del arkhé, inseparables una de las otras.
La insistencia de la memoria, entonces, es el recurso que tenemos actualmente a mano para enfrentarnos a la reproducción robótica de lo imaginario. No para evadir lo imaginario, sino, al contrario, para asumirlo como condición de identidad y referir a lo simbólico la capacidad de transformación de nuestros recursos reflexivos, evolucionar en la mirada conciente para ver lo que actualmente se nos muestra invisible.
Una vez visto lo visto se vuelve evidente, como las formas en las nubes, como las dimensiones en el plano. Y antes de visible lo visible fue invisible, cruda fatalidad en la que radican los destiempos.
El fenómeno creativo es necesariamente anacrónico. “No se puede decir cualquier cosa en cualquier tiempo y lugar, porque existe un conjunto de condiciones de posibilidad pero también de imposibilidad para la producción discursiva”[1]. Lo creativo opera en lo social, entonces, como el conjunto de tensores capaz de promover la mutación epistemológica que altere la realidad social, que la promueva otra, diciendo de algún modo lo que no puede decirse, apelando a lo radicalmente simbólico para decir aquello que ni siquiera el artista puede decir, sino que es dicho en él. Esta es la función y el padecimiento de los artistas.
Si algo puede proponerse el pensador en tanto artista es recrear los rudimentos de la mirada reflexiva, aportar las nuevas tensiones de la reflexión que motiven la transformación epistemológica que se requiere para el bienestar (siendo que, en todo caso, el bienestar es el asunto que me ocupa).
Ante la discontinuidad epistemológica, el salto de una episteme a otra se ampara evolutivamente en la memoria como solución de continuidad. Por eso la paradoja temporal de la anarkhía: necesita la memoria para no enlodarse en el sentido.
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Notas
1 Oscar Terán, Michel Foucault, discurso, poder y subjetividad, ediciones El cielo por asalto, Buenos Aires 1995, pág. 16.
Publicado por el periódico La Nación el 28/08/2006
SAN MIGUEL DE TUCUMAN (De un enviado especial).- La provincia que gobierna desde 2003 el ex radical convertido al peronismo José Alperovich es una de las más pobres del país.
Según las estadísticas, el 70% de los menores de 18 años vive en hogares pobres o indigentes, y el 30% de la población urbana vive en viviendas precarias. También existen una baja escolarización en el nivel secundario y una alta deserción escolar general. Es una situación de arrastre, vale aclarar.
Por Osvaldo Bayer
en contratapa de Página 12
Cómo habrá acariciado las cartas esa bella anciana de ojos muy negros y cabellos blancos como la nieve.
Ella no está más. Sus cenizas fueron enterradas en el pequeño jardín de la Federación Libertaria, la casa que no se rinde. Ahí iremos una vez por mes a leerle a ella una carta de amor del luchador caído.
Por Fernando Krakowiak
para Página 12 del 26 de agosto de 2006
Desde mediados de los ’90, el incremento de la pobreza ha sido percibido como una consecuencia directa de la suba del desempleo. Sin embargo, a medida que el índice de desocupación comenzó a bajar quedó demostrado que poseer un empleo no es condición suficiente para salir de la pobreza. Un informe reciente elaborado por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) detalla que en el segundo semestre del año pasado, más de 22 por ciento de los ocupados pertenecía a un hogar pobre, sin contar a los beneficiarios de los planes sociales. Son más de tres millones de empleados con ingresos que no les permiten acceder a una canasta básica de bienes y servicios. A continuación se detalla cuáles son las ocupaciones de los trabajadores pobres.
Por Dani Broitman
en lavaca.org
En nuestra zona, democracia es el gobierno que le agrada a Israel (y a nuestro patrón, el hacendado Bush). Si los palestinos se atreven a elegir al partido incorrecto, los sometemos a bloqueo y los hambreamos, ya que no entienden lo que significa la bendita palabra. Si se atreven a golpearnos, secuestrando a un soldado, arrasamos con sus pueblos, los matamos de a decenas y conspiramos abiertamente en contra del gobierno legítimamente elegido. En el Líbano, nuestro objetivo es borrar del mapa a un gran sector social y político (en nuestro idioma, "cambiar la realidad"). En este caso, la población chiita no comprende que para ser democrático hay que elegir un representante blanco, que sepa hablar inglés y ame a McDonald's y Chevron. Y los muy ignorantes se empecinan en conservar sus costumbres y religión, extremizándose cada vez más a medida que se intenta occidentalizarlos a la fuerza. Por suerte estamos nosotros, quienes por medio de tanques, aviones, y buena voluntad, tratamos de explicarles como se hace para entrar en el mundo libre.
Nuestra dirigencia político-militar no comete sus barbaridades por su cuenta: lo hacen en mi nombre. Ante cada operación militar, conquista de un poblado, bombardeo o asesinato, me invocan impunemente: el país lo exige, la retaguardia es fuerte, la población pide que terminen la tarea. Les grito en cada manifestación en contra de esta guerra criminal que no lo hagan en mi nombre, que nunca los autoricé a arrasar un país vecino solo para demostrar nuestra virilidad y que nadie nos va a mojar la oreja. Pero somos unos pocos miles gritando consignas: a la gran mayoría de gente no le importa (en el mejor de los casos) o apoya abiertamente la masacre.
original en quino.com.ar
La primera respuesta es porque habría que volver a escribir lo escrito en enta, o convocar a su lectura antes de leer el nuevo libro. Esto es lo que implica una aproximación sucesiva: difícilmente puede completarse el sentido de un eslabón sin el sentido de los otros. Si bien es previsible que eventuales futuras investigaciones tendientes a profundizar la aproximación al problema del bienestar común en torno a la anarquía se elaboren por separado, la relación que hay entre estos dos primeros pasos es de una inmediatez tal que la inclusión de la primera edición corregida cae de maduro.
Por otra parte, una segunda respuesta es la que dije más arriba: la corrección explícita de la primera edición y su relación, también explícita, con los nuevos desarrollos que de ella se desprenden, se convierten en los rastros que permiten ver en enta una elaboración ideológica viva, orgánica y, consecuentemente, en estado permanente de discusión con ella misma. En definitiva, lo que se lleva a cabo en enta no es la objetvación de una “ley natural o social”, ni de un descubrimiento o de alguna clase de documentación, sino lo dicho: una elaboración ideológica más, fundamentada, particular y opinable, como aporte para el bienestar común.
Es el punto de partida para la concepción de ideas en enta. Propone una oposición a la idea de esencia en virtud del vínculo existencial. Esto significa que, para dar con una noción medianamente fiel de las cosas que nos rodean, es necesario atender a la multiplicidad de vínculos establecidos entre lo observado y su contexto, y no a lo que pudiera haber un su interior como sustancia primordial, corpórea o incorpórea.
Esta idea es uno de los pilares de la reedición aumentada de enta. Siguiendo el rastro etimológico de la palabra anarquía, habíamos llegado al término arkhos. Dando un paso más, vemos que este término, a su vez, deriva de arkhé. Para explicar superficialmente su sentido, prefiero hacer una cita:
"Los pensadores metafísicos presocráticos comienzan preguntándose por el arkhé de las cosas, el principio supremo unificador de los fenómenos y que está en la base de todas las transformaciones de las cosas. Este principio constituye a la physis o naturaleza. Physis y arkhé son los dos conceptos principales utilizados por los presocráticos en sus especulaciones metafísicas" [5].
Cuando el autor dice “pensadores metafísicos presocráticos” se refiere a lo que suele ser considerado como el comienzo de la filosofía. Tradicionalmente, este comienzo se establece con la aparición de Thales de Mileto (624 a.C - 546 a.C.). Desde aquellos tiempos, por lo menos, el pensamiento de lo que luego fue occidente se fijó en la dilucidación de esencias físicas y metafísicas, espaciales o temporales. Ante la palabra anarquía en su significación actual relativa al anarquismo, enta propone una diferencia que la extiende en su significado y sentido, involucrándola en un territorio de especulación filosófica que da lugar a la idea de existencia vincular.
En cierta medida, la anarquía arrastra la negación del arkhé. Esto no es sino una extrapolación de sentidos fundada en un mapa de relaciones lingüísticas que hay que investigar, y cuya investigación se propone la reedición aumentada de enta.
En cualquier caso, la vastedad de sentidos y significados de la idea de existencia vincular excede las posibilidades de este texto, a la vez que constituye el fundamento del desarrollo ideológico de enta. La oposición entre anarquía y jerarquía, en términos de la oposición entre la horizontalidad y la verticalidad en lo que refiere a las indagaciones filosóficas y a las proposiciones y prácticas sociales y políticas, es la aproximación más veraz, en este contexto, a su descripción, y la base desde la cual parte una de las líneas fundamentales de investigación de la segunda edición de enta.
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notas
Actualmente, es un proyecto de elaboración teórica de un modelo de formación autogestionaria, libertaria y no educativa a partir de la problematización de situaciones prácticas en forma colectiva.
Para entenderlo mejor, partamos de la palabra educación y de las ideas implicadas.
Desde el punto de vista etimológico, educación viene del latín y está compuesta por un prefijo ex (del cual sólo ha quedado la e inicial en educación), que significa fuera, y ducere (educación), que significa conducir. De esta forma, se interpreta su significado etimológico como “conducir hacia afuera”, o “conducir desde afuera”, según se intente defender distintas posiciones ideológicas. Tradicionalmente, educar está asociado con dar cultura, siendo tantas veces equivalente decir de alguien que “es muy educado” o que “es muy culto”. Sin embargo, al comparar estas dos expresiones, rápidamente notamos que hay una diferencia fundamental de significados y sentidos. Alguien “muy culto” es alguien que tiene cierta erudición, que “sabe mucho”, que tiene mucha “cultura”, mientras que alguien que es “muy educado” es alguien que aprendió muy bien lo que le fue enseñado, que tiene “buenos modales”, etc. En este punto aparece claramente el término latino ducere como constitutivo de la palabra educar. En su significación etimológica y en la experiencia y prácticas concretas relativas a la educación, encontramos que hay siempre una referencia a una conducción, a un liderazgo o magisterio, que implica una solapada imposición cultural por parte del docente (conductor) sobre el alumno (del latín alumni, sin alimento) que será nutrido con el saber del sistema que lo educa.
Es cierto que esto parece una sutileza extrema, pero parece porque no lo es. En los hechos, la realidad de los sistemas educativos, siempre en mayor o menor medida dependientes del Estado desde que este existe, operan sobre la sociedad volcando en las nuevas generaciones las pautas culturales de las generaciones previas, que hacen de la formación cultural de una sociedad un sistema de conservación de valores y cosmogonías que obstruye la posibilidad de cambio, asignando el protagonismo de la formación al docente y colocando al aprendiz en condición de alumno. Así como el educado es objeto de la educación, el culto es objeto de la cultura: de algún modo, el sujeto de la formación cultural siempre es tácito.
Todo esto no significa que hay que destruir las escuelas y analfabetizar a todos los niños, absurdo que se opone, con diversos matices de ridiculez, a los planteamientos que cuestionan la institucionalidad del sistema educativo. El desafío consiste en discernir si lo que queremos es dar lugar a la formación de cultura nueva a partir de la cultura vigente, o si queremos reproducir el sistema cultural vigente, del que emergen los sistemas políticos y sociales que conocemos.
Ante este cuestionamiento, la necesidad de investigar alternativas tendientes a la formación autogestionaria, me llevó a la proposición del taller vincular.
El nombre hace referencia a los dos aspectos básicos de los que surge como modelo. La palabra taller está relacionada al trabajo y, a través de eso, a la práctica concreta de una actividad de la que se pueda aprender, de forma análoga a la que utilizan los artesanos para transmitir su oficio a un aprendiz. Actualmente, los sistemas educativos incorporan la palabra taller para identificar cierto tipo de “clases prácticas”, habitualmente relativas a disciplinas vinculadas con las artes, como el “taller de plástica” y reducciones por el estilo. Esta “incorporación del taller en el aula”, como suele decirse, no va mucho más allá de la excepcionalidad dentro de una estructura sistémica, y de un metamensaje que sigue en pie tanto en el “taller” como en la “clase” (currículum oculto).
En el caso del taller vincular, la palabra taller vuelve sobre sí para identificarse nuevamente con el taller de oficios, en el cual el aprendizaje surge verdaderamente de la problematización práctica de los asuntos implicados, en vez de convertir a la práctica en la excusa de una estrategia docente tendiente a la inculcación de contenido teórico planificado.
Por otra parte, la forma tradicional de transmisión de conocimientos en el taller, no difiere en absoluto de la lógica característica de los roles de docente y alumno. Esto se debe a que en ambos casos el contexto cultural que les da sentido es igualmente jerárquico. A esta jerarquización de roles en lo relativo a la formación, la perspectiva trazada por la existencia vincular en la primera edición de enta da lugar a la composición de nuevos roles ante la proposición de un nuevo ámbito formativo. Así es como llegamos a la idea de taller vincular como proyecto de elaboración del marco teórico a partir del cual se puedan poner en marcha las experiencias prácticas tendientes a crear ámbitos formativos colectivos (sujeto colectivo), autogestinarios (no reproductivo), no educativos (sin liderazgos ni jerarquías), y libertarios (tendientes al bienestar común, indefectiblemente ligado a la libertad).
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notas
2 “Del verbo latino colere (del que derivan colonia, colono, colonizar, colonialismo), cuyo supino (forma nominal) es cultum y que significa cultivar” (http://www.elalmanaque.com/noviembre/7-11-eti.htm) Alguien culto es alguien cultivado por otro alguien.
3 “El currículum oculto se puede definir como el conjunto de contenidos que se transmiten de forma implícita en un contexto educativo. El término ha sido acuñado por el pedagogo norteamericano Jackson en su obra La vida en las aulas (1968) y ha sido tema de numerosas investigaciones fundamentalmente en los países anglosajones.” El currículum oculto visual: aprender a obedecer a través de la imagen, María Acaso y Silvia Nuere, Universidad Complutense de Madrid/Ces Felipe II de Aranjuez, en revista Arte, Individuo y Sociedad 2005, vol.17 pags. 205-218
4 Probablemente nos resulte más habitual pensar, en el ámbito del taller, en un maestro y un discípulo, en vez de un docente y un alumno. Si bien el primer término en ambos casos conduce por otro camino al mismo lugar, el segundo hace hincapié en el aprendizaje (discípulo, del latín discere, aprender) y no en la ausencia de saber o conocimiento en tanto “alimento del alma” (alumni).
3::¿Que será de enta?
Enta comienza diciendo “éste será el libro que odiaré mañana”. Sin embargo, esta profecía no se cumplió, al menos no tan categóricamente. Si bien hay ciertos pasajes y aspectos de enta que actualmente, tres años después de haberlo escrito, merecen ser corregidos, sigo considerando la propuesta ideológica del libro como una alternativa auténtica y válida para la transformación social. Aquí no hablamos de recetas ni de la fabricación de nuevas doctrinas que pretendan resolver por sí solas lo que no supimos resolver colectivamente hasta ahora, sino que existe en enta la pretensión de dejar un trabajo de investigación y un desarrollo ideológico capaces de contribuir sustancialmente a futuras experiencias concretas de transformación social.
Esta es una pretensión que no estaba presente en enta cuando fue escrito. Al menos no tan claramente para mí. Pero actualmente, pasado el tiempo que pasó, entiendo que es momento de dar un segundo paso en la aproximación que permita profundizar sobre los lineamientos planteados en enta, con un rumbo siempre el mismo, trazado entre el ahora y el probable futuro de bienestar común.
Así es como surge este proyecto que describo en esta especie de carta descriptiva, y que consiste en la reedición de enta corregida y (drásticamente) aumentada. La idea es juntar, en un mismo tomo, un primer libro que contenga la primera edición corregida, y un segundo libro que contenga su aumento.
La corrección de la primera edición consistirá en modificar fragmentos del texto original en atención a distintos motivos o propósitos, como pueden ser la mejor expresión de una idea, revertir alguna inexactitud o algún error en el desarrollo o, sencillamente, discutir aspectos del libro que difieran de la visión actual que pueda tener hoy al respecto.
En todos los casos, la corrección será explícita, es decir que se dará a conocer el texto modificado junto al texto original, mediante notas o aclaraciones según sea más adecuado, con la intención de que pueda leerse la evolución de un pensamiento y evitar, en todo lo posible, que se confunda el desarrollo ideológico de enta, con alguna clase de rigidez dogmática.
El aumento de la primera edición, por su parte, consistirá en la fundamentación, expansión, y enriquecimiento del desarrollo propuesto en aquélla. En esto consiste una segunda aproximación sucesiva. Sin alterar la organicidad de los lineamientos vertidos en la primera edición, trabajaré en profundizar su sentido y su fundamento para darle una consistencia mayor y una mayor solidez para que las proposiciones puedan acercarse cada vez más a involucrarse en transformaciones reales y concretas.
Siguiendo entonces las temáticas propias de la primera edición, su aumento dará lugar a otros desarrollos que han quedado postergados, como es el caso del patriarcado, de la informática, de la otredad, etc., al tiempo que desarrollará en profundidad la reinterpretación etimológica y filosófica de la palabra anarquía, y profundizará la discusión en torno a la educación en el desarrollo teórico del taller vincular, proyecto de formación autogestionaria que se desprende de la primera edición de enta.
Paralelamente, se elaborará un estudio de la situación actual en Buenos Aires de los movimientos sociales ligados, en mayor o menor medida, o de forma más o menos directa, a la crisis de 2001. Para eso se hará un trabajo de campo que permita manejar cifras de primera mano, y alimentar la argumentación con entrevistas personales. De esta forma, el aumento de la primera edición estará basado en una profunda investigación bibliográfica y un trabajo de campo lo más exhaustivo posible, en consideración de la extensión del asunto que trata.
Enta es la sigla de en torno a la anarquía que facilita mucho las cosas, básicamente porque es cinco veces más corta. En torno a la anarquía es un libro que escribí entre fines de 2002 y principios de 2003 en el que desarrollé un cuerpo de ideas en torno a la anarquía. Estas ideas van desde un aspecto básicamente filosófico hasta otro más coyuntural, referido a la situación social en la Buenos Aires inmediatamente posterior a la crisis de 2001.
Para hablar de enta es preciso contextualizarlo. Primeramente, el sentido que tuvo fue el de dar a conocer una mirada particular sobre nuestra realidad colectiva, con la intención de aportar esa particularidad que, a mi ver, es, previsiblemente, útil, fundamentada y positiva. La utilidad radica en la resignficación de ciertas palabras que permite reelaborar, con cierta claridad, las ideas que ellas involucran. Así, palabras e ideas como las de Poder, idea, ideología, concepto y doctrina son puestas en contexto a partir de su tratamiento habitual, coloquial y mediático, en contraste con su significación en el orden etimológico, o simplemente proponiendo una reubicación de los términos a partir de interpretaciones que se desprenden del mismo desarrollo del libro. Es fundamentada, porque se apoya en un razonamiento sólido y se ubica en el marco de la opinión, sin pretensiones eruditas de ninguna clase ni atenta a validaciones académicas. Y es positiva porque, al tiempo en que constituye una producción cultural autogestionada, sin mayores recursos que los que pueda tener a mano cualquier persona con estudios secundarios y acceso a una computadora, es en sí también una propuesta tendiente a motivar producciones de este tipo, siendo que el contenido del libro goza de una elaboración sensata, aunque relativamente superficial, de un contexto ideológico creativo y potencialmente importante.
Actualmente, enta no goza en Buenos Aires de una difusión que motive su lectura ni que permita un intercambio capaz de alimentar el proceso de reelaboración de ideas que necesita un emprendimiento así. Sin embargo, sí ha llegado a difundirse en otras partes, principalmente en España, a partir de la edición madrileña realizada por Nolla de forma también autogestionaria, y que ha llegado a distintas partes del país. También su publicación en internet, actualmente en http://entornoalaanarquia.com.ar, dio lugar a que sea publicado en distintos sitios web, como por ejemplo el del sindicato de oficios varios de Madrid asociado a la CNT (confederación nacional del trabajo, tradicional sindicato anarquista español). También fue editado de forma artesanal y autogestionaria en Santiago de Chile por Alejandra, en Septiembre de 2003.
En cuanto a su estructura, cabe decir que el desarrollo ideológico de enta avanza hacia una problemática particular, como es la de “qué hacer” de la Buenos Aires de 2003, desde un planteamiento mucho más abstracto como el de las discusiones en torno a las palabras e ideas que dan fundamento a la posición que se asume, precisamente, sobre el final del libro. Esto marca una forma de acercarse a la profundidad de ciertos asuntos que suelo mencionar como aproximaciones sucesivas, lo que significa ir “decapando” el asunto que se trata de dilucidar de manera siempre global y progresiva, en vez de cortarlo en trozos analíticamente más atendibles. De esta manera, si bien los desarrollos se vuelven considerablemente más lentos en comparación con el análisis tradicional, se mantiene una visión global indispensable desde el punto de vista de la organicidad. Esto hace que enta proponga una lectura paciente y atenta, y que no sea accesible “a saltos”, sino que debe ser tratado como un “organismo ideológico”. Precisamente esta consideración da lugar a la reedición del libro, en el marco que paso a describir.
Si le preguntamos a cualquier persona que crucemos en la calle qué es la anarquía, lo más probable es que nos responda: la anarquía es caos. Luego, puede que se nos diga que la anarquía es que cada uno haga lo que quiera. Más tarde, si seguimos preguntando, alguno nos dirá que anarquía es terrorismo. Por último, si tenemos suerte, quizás nos crucemos con alguno que conteste anarquía es libertad.
Lo que ocurre aquí es que la misma palabra está asociada a ideas distintas, según lo que cada persona elabora en su vida. Sin embargo, la generalidad que hace a una respuesta más frecuente que a otras, nos muestra que las ideas de una persona están dentro de un contexto que es social y que tiene Ideas propias que pasan a ser referencias Ideológicas de las personas que viven en esa sociedad.
Así es como, a través de distintos mecanismos y dispositivos, la clase dominante de una sociedad va dando significados a las palabras. Pero, en rigor, esto último es cierto muy parcialmente. En realidad, la construcción social de significados es dinámica, de modo que el mismo uso de una palabra puede (y de hecho así ocurre) resignificarla, al mismo tiempo que existen mecanismos que resisten o promueven esos cambios, según convenga a quienes tengan el Poder.
Actualmente, en una sociedad mediatizada por los Medios de Comunicación, el uso de ciertas palabras con ciertos significados es condicionado precisamente por los Medios, que suelen resignificar deliberadamente, por asuntos de intereses comerciales o políticos, esas palabras.
Estamos hablando, entonces, del significado de las palabras, es decir, de las ideas que esas palabras evocan. Aquello que las personas respondieron en nuestra hipotética encuesta callejera sobre la anarquía, es precisamente cuál es la idea que en ellos evoca esa palabra. Entonces tenemos por un lado la palabra anarquía y, por otro lado, la idea anarquía. Si bien la palabra es siempre la misma, la idea no siempre lo es.
En nuestro caso, tratando de entender qué es la anarquía, nos encontramos con una idea particularmente manipulada. En las definiciones de diccionario la encontramos, en general, como sinónimo de caos. Ese mismo uso se le da en los Medios de Comunicación. Pero la asociación con el caos omite deliberadamente la historia misma de la palabra, y eso no sería tan grave si en esa omisión no hubiera una negación completa de un significado que fue abundantemente desarrollado y que dio lugar al movimiento sociopolítico que hoy conocemos como anarquismo.
Para entender mejor el significado de la palabra anarquía resulta muy útil estudiar, aunque sea ligeramente, su etimología. Anarquía viene del griego, y está compuesta por un prefijo an, que implica negación, y arquía, que viene de arkhos y que significa gobierno. Sin embargo, este último término, arkhos, es bastante más complejo. En una primera aproximación a su significado, tenemos que decir que el gobierno al cual se refiere no es cualquier gobierno, sino aquél que está legitimado por la naturaleza, a la que los griegos llamaban physis. Pero, a su vez, esa naturaleza, en los más antiguos tiempos de Grecia, no estaba diferenciada de lo divino como lo estuvo luego y como lo está ahora. Así es como el término arkhos diferencia ese tipo de gobierno de aquél que estuviera legitimado por las leyes del hombre (nomos) y que era referido con la palabra kratos, de la que proviene el término cracia que dará lugar, luego, a palabras como democracia. Tenemos entonces dos familias de palabras, que son las que hacen referencia a arkhos (monarquía, oligarquía, jerarquía, etc.), y las que hacen referencia a kratos (democracia, aristocracia, burocracia, etc.)
En la primera familia aparece la palabra jerarquía. Esta palabra usa el término Hieros, que significa sagrado, componiendo el significado de “gobierno de lo sagrado”. Esta palabra se utilizó originalmente para identificar la forma de gobierno de la Iglesia, que siempre fue característicamente vertical. Es por eso que llega a nuestros días la palabra jerarquía asociada a una idea de verticalidad y de prestigio, que obliga a los cargos menos jerárquicos a obedecer y respetar, como si fueran sagrados, a los cargos de jerarquía superior.
Es necesario entender, precisamente, la idea de jerarquía para entender la idea de anarquía. Esta palabra que nos ocupa fue históricamente utilizada en contradicción a la palabra jerarquía como expresión de la “negación de verticalidad” y luego “negación de todo gobierno”. Es claro que aquí hay una extensión de su sentido etimológico original, dando lugar a una confrontación característicamente insolente en la medida en que declara no respetar lo sagrado de la verticalidad.
Este término, originalmente negativo (en el sentido de que niega verticalidad, no en sentido valorativo) se positiviza a partir de que Joseph-Pierre Proudhon la utiliza para autodenominarse anarquista en su libro Qué es la propiedad, que es considerado como el primer uso de la palabra en el sentido sociopolítico que da lugar al anarquismo.
Por eso es que, si tuvimos suerte, el último de nuestros transeúntes nos respondió que anarquía es libertad. Esta persona sabía que el diccionario no expresa, generalmente, la completa significación de la palabra y que los Medios de Comunicación y la Escuela enseñan que no hay orden posible si no hay verticalidad en las relaciones humanas, asociando entonces la horizontalidad promovida por la palabra anarquía con la falta de orden que se le adjudica al caos.
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notas
1 En cuanto a las respuestas del tipo “cada uno hace lo que quiere”, es preciso señalar que en ellas se supone una voluntad individual siempre en conflicto con las otras, tendiente a una expansión infinita y avasallante de todas las demás. No hay razón para suponer tal cosa salvo en condiciones socioculturales como las actuales y de las que, precisamente, las corrientes sociopolíticas relacionadas con la anarquía han querido, quieren y querrán salir. Enta elabora esta posición cuyo desarrollo excede las posibilidades de este texto.
Y en cuanto a la relación entre anarquía y terrorismo, esta se debe a la manipulación política de la historia de las luchas sociales, identificando la anarquía con el anarquismo y reduciendo a éste a la mera aglomeración de personas violentas movidas por el rencor social, en vez de atender las condiciones sociales y políticas que han movido, más de una vez, a los hombres a revelarse violentamente contra la opresión. Sin entrar en discusión acerca de la legitimidad del uso de la violencia, es importante separar la idea de violencia de la de terrorismo, siendo una relativa a los medios de acción y otra a una específica finalidad de los mismos, que no ha sido nunca reivindicada por el anarquismo. Existe una perversa inversión de cargos en la que toda una institucionalidad violenta, compuesta de ejércitos y tropas policiales, acusa de violentos y terroristas a quienes combaten la violencia institucional en una clarísima inferioridad de condiciones. Por último, el uso de la violencia no es característico del anarquismo, sino que ciertas corrientes y en ciertos momentos históricos la han promovido, al igual que todo movimiento revolucionario. No olvidemos que nuestra sociedad actual está parada sobre la sangre de más de una revolución a las que se considera heroicas, y sobre tantísimas más represiones políticas de las que no se habla.
Las entradas que componen esta categoría (enta: qué, cómo y para qué) forman parte de un texto que intenta clarificar y sintetizar los asuntos que dan lugar a la segunda edición de en torno a la anarquía, proyecto en el cual estoy trabajando y que da lugar a los escritos publicados en la categoría probando el guiso.
Este texto no pretende en abosoluto agotar cada uno de los temas que trata, sino que intenta dar una noción general de lo que estoy haciendo a quienes nada saben al respecto ni han leído enta. Es muy probable que el texto actual se vaya viendo modificado a medida de que las intervenciones de amig@s y compañer@s lo mejoren en atención a su función, o que yo mismo descubra mejores formas para hacer las cosas.
Por último, estimo preciso aclarar que las contradicciones terminológicas que aparecen entre el presente texto y las especulaciones de los artículos de probando el guiso, forman parte de las dificultades que encuentro cuando intento expresar sin firuletes lo que es producto de la contemplación del firulete, algo así como lo que cuenta Sábato (salvando las distancias, muchas y grandotas) en un breve texto sobre la divulgación.
Quien quiera descargar el texto completo, sin esta introducción, en formato pdf, puede hacerlo a través de este enlace.
No hay tal cosa como el presente, a no ser que transcurriendo. Por eso el presente es un gerundio: estar presente es estar haciendo. El sentido es un estado de la significación referido a un tiempo siempre pasado o futuro, y que, por lo tanto, jamás puede afectar al presente: el sentido asigna valor, el valor construye moral, la moral otorga sentido.
Si el comportamiento es entendido como la sucesión de los actos, y si un acto nunca es presente, la trascendencia no puede ser sino expansión del sentido. La trascendencia expande el sentido que la transgresión rompe. No puede haber, entonces, otro valor en la trascendencia que el valor positivo de la moral a la que pertenece.
Cierto es aquello que puede asirse, cuyo sentido es corroborable en el marco epistemológico de la razón activa, de la razón que opera en el contexto en el que radica la certeza. La verdad construye un relato de certezas a partir de la moral, que se da por determinado y estable en función del sentido, se constituye como regente del comportamiento y se yergue como dios. Cuando se evidencia el mecanismo, cuando las certezas pierden rigor y la verdad se torna relativa, el comportamiento se vuelve ingobernable, ocurre la crisis y se reconstituyen sentidos. Aquí el sinsentido opera como tensión desestructurante.
Pero si el comportamiento es entendido como la organicidad del decurso vital en lo relativo a la acción (y no al acto), ya no como sucesión de actos sino como discurso de la intervención, la dependencia del sentido es susceptible de ser transformada en complicidad, en coexistencia de sentido y sinsentido, en evocación de una verdad paradojal arremetida contra las razones, transgresora, creativa y radical, en definitiva una rebelión contra la verdad, el sentido y la trascendencia, paradójicamente enraizada en, y portadora de, múltiples verdades, múltiples sentidos (¿sinsentido?) y una dispersión de transgresiones.
Aquí aparece la oportunidad de pensar un sinsentido del comportamiento, tomando el sinsentido ya no como tensión desestructurante sino como una otra tensión capaz de producir valoración en acto-transcurso, en el presente estar haciendo, con incidencia de la dirección pasado-futuro, pero portadora de una transversalidad a toda dirección, una suerte de hiper transversalidad. Esta redimensión del comportamiento, despojado de sentido, da lugar a una existencialidad desprovista de origen. Los sentidos desde y hacia ya dejan de tener utilidad. No nos mueve ya un motivo-sentido o un para qué-sentido, sino un para qué-voluntad que evoca e intenta presentes posibles y no futuros probables.
El borde entre el sentido y el sinsentido del para qué-voluntad, más que borde es una frontera, es una intersección interna de la categoría sentido/no sentido. El sinsentido no trata de la total independencia del comportamiento ni de la dependencia moral del sentido. No busca la aceptación fatal de una ausencia del sentido de la vida, ni evoca aquel sentido de todos los sentidos, condición última y necesaria de todo sentido. No pretende llenar vacíos existenciales ni tampoco crearlos, sino recomponer los atributos de realidad, reconsiderar aquello que consideramos cierto, evocar la multiplicidad relativa de valoraciones autónomas y vinculantes, en contradicción con una epistemología de la verdad, absoluta y totalizante. El sinsentido co-incide en la reconsideración de lo esencial en favor de lo vincular.
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por Washington Uranga
en periódico Página 12 del día martes 22 de agosto de 2006
La guerra nunca sirve para construir la paz. Los misiles y las bombas no dialogan. Los que usan la guerra como recurso para seguir imponiendo su poder, cualquiera que éste sea, necesitan también construir el enemigo discursivamente. Eso es lo que hicieron antes y lo que siguen haciendo ahora. Los enemigos antes eran “ateos” y ahora son “fanáticos religiosos”, antes eran “comunistas” y ahora son “terroristas” o “narcotraficantes”. No cambia lo esencial que es nombrarlos de manera tal que se justifique su aniquilación por cualquier método.

Existe una diferencia entre la libertad y la independencia. Desde el punto de vista de la existencia vincular, la libertad puede implicar condiciones relativas a la dependencia, mientras que la independencia, en términos absolutos, puede conducir o generar condiciones liberticidas o, al menos, profundamente antilibertarias.
Ante la libertad como expresión colectiva de capacidades comunes e individuales existe la dependencia del compromiso, la dependencia del consenso o del acuerdo, del propósito, del registro, del pasado, del futuro y del presente, etc. Pero, ante la libertad como sinónimo de independencia, existe la necesidad de que estas dependencias no existan.
Actualmente, y desde que el tiempo es tal, lo concebimos lineal, absoluto en su extensión y estable en su transcurso, y es en función de él que a su vez nos concebimos. Esta concepción, ligada a la independencia y a la individualidad y sociabilidad mecánicas, nos impone trascendencia en la medida en que todo límite nos aquieta, nos detiene y obstruye, y establece dependencias con una forma referida y determinada por un entorno existencial inconcebible al que rendimos referencia como un superyo grandote, como una ley supra ley, la ley del sentido, la de todos los sentidos. Estas dependencias, estas formas del sujeto y de la identidad, se convierten en obstáculo y exigen una simbolización, un desplazamiento que permita librarnos para liberarnos, quitarnos el freno, salirnos de nos. Ocurre entonces la violencia para radicar diferencias específicas y particulares y poder salirnos de la indiferenciación que destruye toda identidad en la amalgama, y aparece el sacrificio al rescate, aparece la moral, aparecen la ley y la descripción nuestra que explique lo inexplicable: la aceptación de la dependencia del sentido como dato de identidad. Esta descripción nos establece, nos define y nos identifica, y nos constituye en el orden de las nuevas dependencias, las que tienen sentido más allá de nosotros mismos y por eso todavía no son concebidas como tales, y a las que nos ajustamos en función de razones absolutas y determinantes, razones que nos explican y que aceptamos gracias a la sacralización mítica y a la pérdida de la libertad. Aparecen la autoridad en tanto delegación, el dogma y el tabú.
A medida que van cayendo como fichas de dominó todas las razones anteriores y las nuevas, y la complejidad de nuestra intelección de las dependencias y de los mecanismos implicados crece, cambian los dioses, cambia lo sagrado y aparecen nuevas dependencias. Éstas son las dependencias del sentido.
El sentido, aquella necesidad ineludible de la razón y de la vida occidental, es ahora responsable de un límite existencial dado por una realidad cultural estructurada en torno a él. Nos dimensiona como función social, pero ante la muerte de dios nos abandona. Somos desde y hacia, por y para, más preposición que sustantivo. Faltan entonces las condiciones gramaticales suficientes para el sentido indispensable.
La pulsión de destrucción de lo dado, entonces, es una producción indirecta de absurdo a partir de la destrucción del sentido. No es en sí una destrucción positiva en tanto no hay producción directa, no hay voluntad de sinsentido, sino la urgencia de la independencia. Desde este punto de vista, el absurdo es ante nuestra mirada una falta de sentido que desestructura y angustia, es la forma espontánea de nuestra angustia existencial y se nos vuelve como dato pesimista y fatal de un escepticismo fanático, de un nihilismo antonómico y estructural. La angustia existencial del hombre no está aquí ligada al miedo al absurdo de la muerte, con toda su intrascendencia, sino al miedo a la dependencia impuesta por el sentido de la vida.
El siglo XX fue el siglo de la falta de sentido. La neo escolástica del siglo XIX, positivista y enamorada del progreso, fue el último esfuerzo positivo de la cultura del sentido, y desembocó en un siglo absurdo que ha forjado relaciones adolescentes de su ausencia, y no productoras de sinsentido. Todas las sombras de la caverna, todas las urgentes retaguardias de dios, convocan a la reivindicación del arkhé.
Una cultura es una región epistemológica, una dimensión de saberes resultante de coordenadas específicas inevitablemente oculta a la sociedad que la constituye. No obstante, creo que podemos ver, al menos, que nuestra cultura del sentido ha sufrido su golpe criminal y grita desesperadamente pidiendo auxilio ante el siglo oscuro, antiiluminista y autodestructor, y en medio de la nube torrencial, en medio de la tormenta, no podemos ver más lejos que nosotros mismos en una mismidad radicalmente voraz.
Nuestro sinsentido adolescente, entonces, es aislamiento, negación de la otredad, búsqueda incesante de una autoafirmación individual que se nos impone como nación, estado, cuadro, bandera, tótem, religión, persona o máscara cualquiera. Ya no se trata de deconstruir los discursos unificadores sino los delirios totalizantes. Somos generaciones psicóticas o criminales, destructoras del sentido desde lo estrictamente individual o colectivo, hacia adentro o hacia afuera, destructoras de la moral como rebelión casi instintiva, la rebelión del deseo genital y primigenio, la farmacosis como experiencia amoral, las antinomias todas: la independencia radical del absurdo.
Sin embargo, esta rabiosa evocación de una idea de libertad inseparable de la independencia, no es, ni podría ser, ni siquiera remotamente, lúcida. Por el contrario, lleva en sí la oscuridad de toda episteme ante sí misma, y vuelve a ser minoritariamente anunciada por los artistas, habitualmente muy a pesar de ellos mismos.
La anarkhía, entonces, es susceptible a la otra evocación, a la que sigue, a la próxima voluntad cultural del sinsentido. Esto que somos sin ver, es lo que verán cuando se mire lo que ha sido, y en la misma forma en la que hemos heredado las tecnologías del saber de una anterioridad en busca de sentido, habremos de dejar la puerta abierta, si es que lo intentamos, a la futura construcción de lo que hoy sólo es angustiante adolescencia y puede llegar ser, remotamente, aquella nueva concepción de libertad forjada en la noción de la existencia vincular, de una nueva gramática de preposiciones suficientes necesariamente ajena a las tramposas bondades del sentido de ser, de cualquier moral, de la necesidad de trascendencia. La positivación del sinsentido propone una libertad con dependencias necesarias relativas a la consistencia colectiva de la experiencia vital, a la irrevocable condición social del hombre luego del árbol prohibido y de los frutos, y a la vez a la ineludible y fabulosa individualidad de la experiencia, esa otra dimensión irrevocable de la humanidad.
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notas
1 Y la avenida de los incas... (chiste porteño para oyentes de Les Luthiers)
2 Tal vez sirva casi como intento de respuesta a La Boetie y su pregunta acerca de por qué obedecemos.
3 Intuyo aquí una proposición en torno a la mutación epistemlógica.
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me gustaría primero aclarar lo siguiente: pienso que el estado israelí, con amplio apoyo del pueblo judío, es responsable de un genocidio análogo al que sufrieron las poblaciones judías sometidas por el gobierno nazi de alemania en los tiempos de la segunda guerra mundial.
me gustaría segundo aclarar lo siguiente: pienso que los misiles palestinos no son caseros (ni palestinos), y la pobreza sobre la que caen los misiles forma parte de las responsabilidades de los estados en guerra y de sus estrategias de combate.
me gustaría tercero aclarar lo siguiente: los estados unidos de norteamérica son responsables de una avanzada imperial sobre el mundo análoga a cualquier otra avanzada imperial, caracterizada por una clase de absurdo estructural que convierte el discurso en delirio.
a partir de ahí, quisiera señalar lo siguiente: la bestialidad genocida de israel separa con facilidad la paja del trigo, despejando las denuncias como lo hiciera el genocidio nazi. pero es importante que esta claridad no se nos confunda con la tendencia y la tentación de transformarla en apoyo al frente palestino, en toma de partido en una guerra de estados. en toda guerra, siempre, las poblaciones son victimizadas en los hechos, agredidas, vejadas, sometidas, muertas. mucho más, y particularmente, cuando un ejército enfrenta a otro en condiciones completamente desiguales, sin respeto de la comunidad de estados internacional, con apoyo de la potencia militar más importante del mundo, y arrasando población civil. pero esto no implica que la guerra pueda simplificarse en militares culpables israelíes contra pueblo inocente palestino. más bien creo que la guerra es del estado israelí contra el estado palestino, en ese orden, y en el medio muriendo a mayorías el pueblo militarmente más débil.
sin su sentimiento doctrinario, y sin enrolamientos, me gusta lo que dijo malatesta ante una situación similar durante la primera guerra mundial: "Los anarquistas, que en su casi totalidad permanecieron fieles a sus convicciones, tienen el deber de protestar contra este intento de implicar al anarquismo en la continuación de una feroz matanza que nunca ha prometido ningún beneficio para la causa de la justicia y la libertad. [...] Sostenemos que el Estado es incapaz de hacer el bien. En el campo de las relaciones internacionales y también en el de las relaciones individuales sólo puede combatir la agresión transformándose él mismo en agresor, y sólo puede evitar el crimen organizado cometiendo crímenes aun mayores." anarquistas progubernamentales, errico malatesta, “Freedom”, abril de 1916,
el desafío está en denunciar con toda firmeza y determinación la agresión inconcebible del estado de israel, su bajeza estructural en el discurso miserable de la autocondescendecia y la perversa manipulación de la historia legitimando con la eterna condición de víctima en que se asume el pueblo judío, la vejación, victimización y genocidio de lo otros, en tanto pueblos o individuos (la tortura se practica sobre pueblos e individuos, como la miseria y el asesinato).
en cuanto a la carta, quiero decir que me ha llegado, transcripta como está, en un correo electrónico que cita la publicación del periódico argentino página 12 del día 13-08-2006. hurgando un poco en la web encontré algunas cosas que me parecieron dignas de atención: según distintos medios que han publicado o mencionado la carta (entre los que se encuentra, por ejemplo, saramago, opiniones), ésta fue dirigida al director del periódico español el pais, que a su vez la publicó, como una simple carta de lectores, el día 21-07-2006. esto fue, con justa razón, motivo de controversia, denuncia y suspicacias varias.
"En plena masacre de un pueblo, una guerra regional que afecta a varios países y a toda la región, la crisis en el Consejo de Seguridad de la ONU, y miles de ciudadanos manifestándose en las calles, el pronunciamiento de cuatro escritores de prestigio internacional, dos ellos premio Nobel de Literatura, sólo cabe como Carta al Director si se posicionan con el débil, los palestinos.
Fue muy diferente en el año 2003, cuando Saramago escribió unas breves líneas criticando unas condenas a muerte en Cuba. Entonces mereció un privilegiado espacio como artículo de opinión en el madrileño diario, fue recogido además en todos los medios y agencias. Hoy no, una carta al director, como la de esa señora que escribe al periódico para quejarse de los ruidos nocturnos del camión municipal de la basura." Pascual Serrano, Rebelión
de hecho, una segunda carta al periódico el país, con fecha 31-07-2006 y firmada por saramago, hace una sutil referencia (sabrosísima y magistral) al episodio:
"Era mi intención escribir un artículo sobre la situación de Oriente Próximo y enviarlo al periódico que dirige y del que soy atento y persistente lector. Tenía ya el título preparado para encabezar la página cuando me di cuenta de que el tal artículo sería inútil por redundancia, ya que en el título estaba contenido todo lo que quería decir.
Juzgue, señor director, por sí mismo:
"Mientras haya un palestino vivo, el holocausto continúa".
¿Qué le parece? ¿Me permite rogarle la publicación de esta brevísima carta en la sección respectiva? Le quedaría eternamente agradecido."
sumado a esto, dos sutilezas de sendas publicaciones me llamaron la atención: mientras que página 12 publica "rapto", el país publica "secuestro", y mientras página 12 publica "doble moral", el país publica "doble baremo".
tal vez en un exceso, tengo la impresión de que no son diferencias sin importancia. no sé si se deban a alguna traducción del inglés al español, del francés al español, del portugués al español o del español al español. lo cierto es que en este contexto, diferencias y parecidos son importantes, por sutiles que sean. es cuestión de andar despiertos, y de no simplificar las posiciones. hay ciertas simplificaciones que sólo favorecen a los totalitarismos.
Por John Berger, Noam Chomsky, Harold Pinter y José Saramago
Publicado en Pagina12, suplemento Radar, Bs As, Argentina, el 13 de agosto de 2006
El capítulo más reciente del conflicto entre Israel y Palestina comenzó cuando efectivos israelíes se llevaron por la fuerza a dos civiles, un médico y su hermano, de Gaza. Tal incidente casi no se cubrió en ningún lado, excepto en la prensa turca. Al día siguiente los palestinos capturaron a un soldado israelí y propusieron un intercambio negociado po