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Septiembre 30, 2006

La desaparición aparecida

El éter

El 21 de septiembre recibí un correo electrónico de cuyo texto extraigo el siguiente fragmento:

Julio López, ex detenido-desaparecido, testigo y querellante en el juicio oral contra el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, se encuentra desaparecido desde el lunes 18 de septiembre de 2006 por la mañana.

Julio tiene 76 años, testimonió sobre su secuestro, sucedido en octubre de 1976, llevado a cabo por una "patota" que integraban, entre otros, Etchecolatz. Estuvo detenido-desaparecido en los centros clandestinos Destacamento policial de Arana, "Pozo de Arana", y Comisaría Quinta de La Plata.

Debía presentarse el lunes 18/09 para presenciar los alegatos de las querellas contra el represor en el edificio de la Municipalidad de La Plata, y al no comparecer se descubrió su ausencia desde muy tempranas horas.

Ante esta situación, que se prolongó durante todo el día, se realizó el mismo día lunes la presentación de un Habeas Corpus ante la Justicia, y se está llevando a cabo una ardua búsqueda en la ciudad de La Plata desde ese día.

Página 12, el 20 de septiembre, publica la desaparición dentro de la cobertura de la sentencia que condenó a Etchecolatz. En un “ver aparte” publica: El Ministerio de Seguridad bonaerense dispuso ayer la búsqueda, por vías institucionales, de Jorge Julio López, el albañil de La Plata torturado en 1976 por el ex comisario Miguel Etchecolatz, quien está desaparecido desde el martes pasado cuando debía concurrir a presenciar el alegato del juicio en el que participa en calidad de víctima, testigo y querellante. La Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos presentó un habeas corpus en la Justicia y denunció su desaparición en diferentes organismos estatales.

El mismo día, la Nación publica: Etchecolatz volverá ahora a la cárcel de Marcos Paz mientras sus abogados apelan la condena por privación ilegal de la libertad y torturas en perjuicio de Nilda Eloy, Jorge Julio López y de homicidio agravado en perjuicio de Nora Formiga, Elena Arce, Margarita Delgado, Patricia Dell Orto, Alfonso De Marco y Diana Teruggi.
Además, Jorge López, querellante en el juicio, desapareció hace dos días, cuando iba a la audiencia. Representantes de organismos de derechos humanos improvisaron anoche una rueda de prensa para denunciar el hecho.

Y, el mismo día, Clarín: Julio López también aportó un testimonio valioso. Ayer, la Policía buscaba a este hombre que hace dos días tomó el micro para ir al municipio platense —donde se realizó el juicio— y todavía no aparece. Ambos declararon haber sido torturados por Etchecolatz. Y después de 30 años pudieron confrontar la mirada del antiguo carcelero.

Está claro que no son estos los únicos periódicos del país, pero, ¿puede dudarse que sean los de mayor influencia en la opinión pública? Y, además, ¿puede dudarse que, como a la historia, a la opinión pública la escriben los que mandan? Yo creo que no, que en esto no hay dudas. Porque el mandato del que manda está impreso en las voces que se oyen, en las que gozan de la dignidad acreditada para ser oídas. Así fue cómo la desaparición de Jorge Julio López apareció en los medios nacionales de mayor trascendencia política dos días después de que fuera presentado el hábeas corpus. Así y todo, el gobierno tardó en manifestarse un rato más.

Casi no hace falta decir nada acerca de las tres diferentes lecturas que hacen los tres hyperdiarios. Solamente señalar que ninguno dio a la noticia el carácter histórico que tiene. A dos días de presentado un habeas corpus, un querellante y testigo del juicio a Etchecolatz, ex detenido desaparecido, se hallaba nuevamente desaparecido. Su ausencia en la corte pudo suponer la obstaculización del proceso. No hace falta sostener ninguna hipótesis particular para que el hecho sea suficientemente importante, y merezca entonces ser atendido por el gobierno y por la prensa de manera diferente.

El Gobierno

A Jorge Julio López actualmente se lo busca de forma masiva desde todos los sectores políticos, incluyendo al Gobierno de la provincia de Buenos Aires (que ofrece una recompensa de $200.000.- a quien dé información certera de su paradero) y el Gobierno Nacional. Distintas controversias políticas aparecieron respecto a las declaraciones del gobernador Solá, que dijo que podría ser "el primer desaparecido desde los años del terrorismo de Estado”.

La Nación, en nota del 26 de septiembre de 2006, titulada Una palabra que desnuda los miedos de los argentinos, y firmada por Jorge Rosales, dice que Los temores de Solá de que pueda haber sido secuestrado para amedrentar a otros testigos en juicios en los que se investiguen violaciones de los derechos humanos ¿no existían antes de que se lo viera al ahora desaparecido por última vez?.

El mismo artículo termina con el párrafo siguiente: Para llevarlo al plano de formular una afirmación tan contundente, como hablar de desaparecido, que tiene una connotación política que en nuestro país no se puede soslayar, necesariamente uno se tiene que preguntar si los temores que invaden a Solá se respaldan en información que todavía no se ha hecho pública. ¿O se apoya en su intuición, que indefectiblemente lo debe llevar a las peores sospechas, cuyo final está abierto y puede acabar con sus aspiraciones políticas?

¿A qué se refiere La Nación con eso de desaparecido por última vez? ¿Por qué habla de información que todavía no se ha hecho pública y de la intuición del gobernador, asegurando que indefectiblemente lo debe llevar a las peores sospechas?

En todo caso, ocurre que los intereses políticos del Poder, sector social en el que, increíblemente, puede encontrarse uno con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, hay tensiones y rivalidades que condicionan el tratamiento del tema, y que no son en absoluto ajenas a la prensa. Hay que ver quién se queda con la mejor parte (la del héroe) y quién con la peor (el que recoja el peludo de regalo). Así es como Felipe Solá primereó a Néstor Kirchner escupiendo la palabra maldita y abriendo el juego para mentir transparencia y compromiso, y para venderse como el justiciero de la historia. En un pase de magia encontró traspapelados unos sesenta malos tragos (que luego pasaron a ser 400) de los que pasó a retiro a 36, en un acto de arrojo democrático. Con su León ladero, la Policía Bonaerense se parece mucho a la “mejor policía del mundo”.

Por su parte, Página 12, en nota del 25 de septiembre de 2006, defiende la hipótesis de que la desaparición de Jorge julio López se debe a razones psicológicas y no a un secuestro. Cito entero el siguiente párrafo, que me parece muy significativo:

“Evidentemente hay versiones contradictorias de cómo ocurrió esto, pero confiamos que pueda aparecer pronto”, afirmó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en referencia a las distintas hipótesis que circulan. De hecho, un grupo de psicólogos se agregó a la búsqueda, contemplando, entre otras alternativas, el esfuerzo emocional desmesurado que hizo este testigo clave para enfrentar el juicio. Según indican las pericias hechas sobre su diario personal, durante los días previos a su desaparición, “tenía confusiones mentales”, mezclaba los nombres de torturadores con jugadores de fútbol. “Me da bronca que lo traten como a un viejo loco”, exclamó Adriana Calvo, otra ex desaparecida, que estuvo reunida ayer con más de 70 organizaciones en vistas a la concentración del martes (ver aparte). Calvo comentó que López “había hecho un proceso interesante antes de presentarse a declarar. Tenía borrada su historia. A partir de recorrer lugares donde estuvo detenido y de reencontrarse con otras personas que sufrieron lo mismo, fue mejorando su estado de ánimo y recuperando el orgullo por su militancia”.

Si estas líneas hubieran aparecido en los años 70, el diario Página 12 las estaría citando como argumento de la complicidad de la prensa de la época con el régimen imperante. Diría, seguramente, que pretenden diluir el impacto de la noticia de una desaparición forzada asociándola a una hipotética insanía mental del desaparecido. Alberto Fernández, jefe de gabinete nacional, aparece aquí buenamente esperanzado por la aparición de López, y particularmente atento a la contradicción de las hipótesis. La Nación, en cambio, no habla tanto de Alberto Fernández como de Felipe Solá. Por otra parte, siguiendo el juego estrábigo de kirchner, Página 12 trata de loco a Jorge López (mezclaba los nombres de torturadores con jugadores de fútbol) pero inmediatamente lo reivindica para terminar de sepultarlo: no está loco, está trastornado por sus padecimientos. Y esto último recurriendo a las omnipotentes comillas recontextualizando las palabras de Calvo, quien milita en favor de la aparición de López en denuncia de las responsabilidades de los dos gobiernos.

En la línea de Página 12, aparece Hebe de Bonafini pidiendo la cabeza del gobernador provincial y de su secretario de seguridad. Ella, que en su historia militante ha gritado con justicia, una y mil veces, “¡aparición con vida, ya!”, dice, parafraseando a Eduardo Duhalde, que le quieren tirar un muerto a Kirchner (La Nación, 29 de Setiembre de 2006), y esgrime una sospecha sobre la víctima de la primera segunda desaparición de nuestra historia. Marchará luego junto a D’Elía y a espaldas de HIJOS, a espaldas de la comisión de ex-detenidos desaparecidos, a espaldas de la multitud que le reclamó al Estado lo que históricamente las Madres reclamaron al Estado: aparición con vida. La desaparición de un testigo es responsabilidad del Estado. Y, lo que es ahora más importante, la aparición también lo es.

30.002

En el medio de todo esto, hay un aparecido del que casi no se habló. Se trata de un cuerpo calcinado que apareció en el camino negro, en Punta Lara, aparentemente ahorcado y con un disparo en el pecho, es decir, muy a la usanza de algunos de los crímenes gubernamentales de la dictadura y de la triple A.

El diario platense Hoy publica, el 21 de septiembre, lo que sigue:

También se supo que el cuerpo hallado anoche, calcinado en la localidad de Punta Lara pertenecería a un hombre de entre 30 y 50 años, por lo que no sería de López.

Fuentes de la fiscalía que investiga el hallazgo, a cargo de Marcelo Martini y Javier Berlingheri, confirmaron que "en principio no coincide la edad, ya que se trata de una persona de entre 30 y 50 años".

"El cadáver está calcinado en gran parte del cuerpo, por lo que no hay muchos restos que permitan otra identificación, como cabellos y ropa, por lo que hay que esperar las pericias odontológicas", destacaron.

Los voceros informaron que "telefónicamente, los médicos de Policía Científica adelantaron que la persona calcinada recibió un disparo en el pecho, pero se desconoce aún si falleció por ese disparo o por la acción del fuego".

La aparición de este cuerpo calcinado conmocionó a familiares de López y a integrantes de organismos de derechos humanos, que temieron que pudiera pertenecer al albañil de 77 años desaparecido desde el lunes.

"El cuerpo apareció en un camino que durante la dictadura fue usado para arrojar cadáveres torturados y está a 15 cuadras de la casa donde vive el presidente del Tribunal que condenó a Miguel Etchecolatz", afirmaban anoche con estupor integrantes de organismos de derehcos humanos. (sic).

El 23 de septiembre, el mismo diario publica la voluntad del gobierno provincial de separar a 60 policías de su cargo por haber trabajado en campos de concentración de la dictadura. En esa nota menciona que Felipe Solá instruyó una rigurosa investigación interna para dilucidar con exactitud el origen de la información falsa que confundió el cuerpo hallado con Jorge Julio López., con lo que asume una probabilidad importante de que exista una relación entre ambos casos a través de una participación de sectores o personas internas de la fuerza policial. Esto es fácilmente sospechable desde afuera, pero una sospecha desde adentro, como la del gobernador, mediatizada y pública, hace que la sospecha se afiance y fortalezca.

Al día de hoy no hay noticias que den algún dato útil sobre el aparecido calcinado ni de la investigación interna.

El éter

El 27 de septiembre Jorge Ginsburg entrevistó, en su programa televisivo de Canal 13 llamado “Mañanas Informales”, a Adriana Calvo, militante de la asociación de ex detenidos-desaparecidos. No conozco a esa mujer. No sé nada de ella más allá de lo que vi en esa entrevista. Y lo que vi me conmovió. Me conmovió su integridad, su claridad, su elocuencia. Para evitar confusiones periodísticas o las tradicionales hipótesis de los excesos individuales, esporádicos e inconexos, dijo que la bonaerense tortura, la bonaerense asesina. Claramente no usó tiempos pasados, porque no lo son. Hablamos de asesinatos y torturas de una fuerza que no está purgada porque los funcionarios de la purga son esa mierda que se pretende purgar con los discursos, y porque los agentes responden a los intereses de la agencia. ¿O hace falta recordar las responsabilidades políticas que han tenido en diversas circunstancias quienes gobiernan la institucionalidad que impera? Me refiero a sus funciones antes, durante y después de acciones criminales como los asesinatos de Barrionuevo, Kosteki y Santillán, o los asesinatos de centenares de personas en manos de las fuerzas policiales denunciados por CORREPI, o las torturas y agresiones varias sufridas por detenidos y presos en comisarías, y etc etc.

Digo, la lista sería repulsivamente interminable. Nadie puede venir con cuentos a esta altura. Tampoco Hebe de Bonafini. Y en este sentido vuelvo sobre palabras de Adriana Calvo. Ante la pregunta de Ginsburg acerca de si las amenazas seguían contestó que sí, que por supuesto que siguen. Y contó una: A Chicha [en referencia a María Isabel Chorobik de Mariani] le cerraron el gas y lo volvieron a abrir desde la calle. Fue un civil en bicicleta. No estamos paranoicos.”. También dijo que Aníbal Fernández, actual ministro del interior, maltrató a quienes lograron entrevistarse con él por este asunto, con expresiones de una bajeza impune características de esta clase de funcionarios.

En este mismo programa del 27 de septiembre, Ginsburg puso al aire un fragmento de un programa anterior, del día 20 de septiembre, en el que entrevistó a Gustavo López, hijo del todavía desaparecido Jorge Julio López. En ese programa, luego de la puesta al aire de la foto de su padre por primera vez, Gustavo López dijo: hasta ayer pensaba que se podía haber ido de casa, pero ya no. Se refería a que el tiempo, a medida que pasa, va fortaleciendo cada vez más la hipótesis del secuestro político vinculado a la causa Etchecolatz. Luego de la repetición, Ginsburg dijo: lejos de sentirme orgulloso por haber puesto por primera vez al aire la foto de Jorge López, me parece vergonzoso que no haya salido antes. Y es que, como también subrayaba Ernestina Pais, las primeras 24 horas de una desaparición son cruciales, y el contexto de esta desaparición ameritaba asumir la peor posibilidad de entrada.

El éter ya no es el medio en el que se propagan las ondas electromagnéticas, sino el espacio de la negación, el del ocultamiento, el espacio donde nada sobrevive a las garras de los interpósitos, los mediadores, los deleznables Medios Formadores de Masas capaces de dar pie a las peores complicidades y vencidos solamente por su propia ineficacia o por la elocuencia de los subproductos de su mala leche. Algo así pasó con la masacre de Avellaneda. Algo así no pasó ahora, cuando la desaparición tardó tanto en aparecer que dio tiempo suficiente para otro nuevo estrago espeluznante.

La marcha atrás

El 27 de septiembre marchamos desde el Congreso a la Plaza de Mayo. Algunos de los que estuvimos ahí fuimos convocados por la convicción de que la urgencia de la situación amerita una confluencia que muchos solemos evitar. De otro modo no habría razón para que algunos que no creemos que el Estado pueda ser un interlocutor válido para los asuntos de los comunes, o que las estructuras de vocación y práctica hegemónicas y verticales, como por ejemplo (y son solamente algunos entre tantos) el Partido Obrero o cualquier Peronismo, puedan confundirse en la compañía de los compañeros, estemos ahí, esquivando banderas.

Pero la desaparición de López es un asunto de tremenda urgencia y es bestialmente elocuente. Por eso es imperdonable la ausencia de Madres y de Abuelas. Por eso es imperdonable la falta de cobertura que hubo de una marcha que movilizó a unas 150.000 personas, calculo yo, sin que pueda ser útil esa cifra más que para dar una idea aproximada y para subrayar que no se han dado cifras en ningún lado.

A pesar de que hace rato que discrepo fuertemente con las declaraciones y con la posición política de Hebe de Bonafini, nunca había imaginado que, ante una desaparición vinculada al enjuiciamiento de torturadores, ante una desaparición de un desaparecido, Hebe pudiera colocarse rotundamente en defensa del gobierno, enfrentándose a organismos de ex desaparecidos, y atacando al desaparecido con la retórica nefasta de los históricos negadores que intentaron siempre ocultar lo que las madres hicieron ver.

Así fue como marchó la marcha, y así fue como se hizo otra, más perpendicular que paralela, al día siguiente, de la que tampoco se dijo casi nada. A esa no fui. No sé cuánta gente fue. Sé que estuvieron presentes dos funcionarios claves del gobierno en su avance sobre la cooptación de los movimientos de resistencia popular: Luis D’Elía y Hebe de Bonafini.

En síntesis

Al día de hoy no hay noticias útiles sobre el aparecido calcinado. No hay datos útiles sobre el desaparecido Jorge Julio López. No hay información útil sobre las marchas. Sin embargo, hay mucha información de funcionarios preocupados, activos y comprometidos con la causa de los derechos humanos, o contradictorios, desorientados y culpables, según el diario que se lea. Hay discusiones sobre una reforma constitucional de afectaciones electorales, sobre las campañas proselitistas, sobre el presupuesto nacional.

Y, “además”, hay una desaparición aparecida y una aparición que desapareció. Los Medios de Prensa, los Medios Formadores de Masas, han dicho “hágase la realidad”, y la realidad se hizo.

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Notas

[1] El cálculo lo hago a partir de lo que vi en la marcha, y de la única mención periodística que encontré al respecto, que es la que hace La Nación, en su edición del 29 de septiembre, en la que dice que Más de siete cuadras de manifestantes marcharon en forma pacífica desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo portando una bandera: "Exigimos al Gobierno la aparición con vida ya de Julio López"., lo cual es, al menos, metafórico, en la mediad en que había demasiadas banderas, algunas muy distintas de otras, y muchos que fuimos sin ninguna. Sí es cierto y textual que esa exigencia fue la única y unánime convocatoria. Por lo demás, calculo unas 12.000 personas por cuadra, en función de unos 3.000 m2 a razón de 4 personas por m2. Eso sumado a los 21.120 m2 de la plaza (recordemos que está reducida a la mitad), lo cual implica unas 84.480 personas más, la cuenta da un resultado de 168.480. Considerando que esto es una aproximación, y considerando que a La Nación le interesa exagerar un poco, hablar de 150.000 personas me resulta razonable.
Los cálculos de superficie los tomé de http://www.fabio.com.ar/index.php?tema=11, y no me molesté en corroborarlos.

[2] En este caso, La Nación, en esa misma edición, se encarga de aclarar que menos de 300 personas agrupaban a todo el sector oficialista de piqueteros y movimientos de derechos humanos. Temo que han de ser varios más, aunque no sé cuántos fueron a esa marcha.

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Septiembre 26, 2006

Jorge Julio López: desaparecido

Jorje Julio López

Ante cualquier información, rogamos se comuniquen inmediatamente a los teléfonos:

Nilda Eloy: (0221) 453-3136
Luciano Sívori: (0221) (15) 561-0248
Guadalupe Godoy: (011) (15) 5113-1589

Septiembre 21, 2006

la marcha de la oruga

por favor, antes de encarar este texto, leer el comentario de esta sub-sección.
gracias.
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La oruga es un colectivo que se aboca a la práctica de la pedagogía popular en la plaza de México y Jujuy, en la frontera capitalina de Balvanera y San Cristóbal. Sus miembros la definen como un "colectivo autónomo de educación y recreación popular". Lo que sigue es una crónica reflexiva de lo que observé de su actividad y de lo que hablé con ellos.

En el año 2003 una asamblea de San Cristóbal puso en marcha una experiencia asamblearia con alumnos de sexto grado de la escuela No 15. "A principios del 2004 [...] decide hacer una convocatoria para ampliar lo que ya venía haciendo [...]. La idea inicial era hacer una asamblea en los sextos grados de la escuela."

La experiencia se extiende durante 2004, pero hacia mediados de ese año se produce una ruptura. Por motivos tan sencillos como la incompatibilidad de horarios de los participantes, se abre un espacio extraescolar, los días sábado, en la plaza más cercana. Desde ese momento, el uso de la plaza se mantuvo semana a semana, y se fue convirtiendo en el marco barrial más adecuado para la propuesta que nacía. Cuando la participación de los miembros de la asamblea se redujo drásticamente, la articulación con ella perdió operatividad, dificultando la autonomía en la toma de decisiones. Entonces se produjo la escisión: así nació La Oruga. El relato publicado en la web sugiere que "las diferencias" entre el grupo y la asamblea pudieron haber sido mayores o más complejas. Lo cierto, y lo más importante, es que desde ese momento La Oruga sostiene una propuesta activa, concreta y movilizante en la plaza del barrio.

El nombre no anuncia mariposas. Surgió de una actividad recreativa que desde 2005 usan para marchar en ocasiones como las marchas del 24 de marzo y que "consiste en una franja de tela de cincuenta centímetros de ancho y varios metros de largo que se cose en los extremos, formando un círculo. Las personas pisan la tela metiéndose adentro del círculo y cuando todos caminan la oruga (se llama así en referencia a las ruedas de los tanques) va girando y avanza. La oruga más grande lleva escrito: “seguimos caminando” lo cual se va leyendo a medida que gira."

Es recomendable leer las crónicas y la información general que han publicado en internet en http://www.laorugaweb.com.ar, de donde copié los fragmentos citados aquí y destacados en itálica. En ese website se da a conocer una serie de reflexiones y relatos que ayudan a dar forma a la búsqueda particular que están realizando, y dan cuenta del modo en que lo hacen.

Educación popular en la plaza del barrio

Actualmente el colectivo ha instalado en la plaza una propuesta de encuentro que va creciendo y acomodándose según la experiencia práctica lo mande. Centrado en actividades educativas para chicos basadas en la recreación, la propuesta creció hacia la puesta en marcha de talleres diversos para niños y adultos, y de una biblioteca popular.

Los talleres que dan actualmente son: juegos para chicos y chicas de 8 a 11 años, encuentros de lectura, dibujo y pintura, escritura, y expresión plástica. Por su parte, la biblioteca, alimentada a base de donaciones particulares (fundamentalmente de vecinos) presta libros semana a semana de forma gratuita.

La búsqueda es concreta, centrada en la práctica activa y en la reflexión, ambas colectivas. Si bien los miembros actuales de La Oruga son en su mayoría estudiantes movilizados por cuestiones educativas, no hay más aglutinante que el interés por la experiencia en el marco de ciertos valores comunes que regulan el trabajo del grupo.

Lo que pude ver al acercarme se corresponde, en lo actitudinal, con la forma en la que ellos mismos describen su organización interna, caracterizada por la horizontalidad y la apertura. Trabajan con un esquema básico de reuniones particulares y generales sin atribuciones jerárquicas, atentos a una dinámica basada en el consenso. Todos los miembros tienen voz y voto sin ninguna distinción, y los visitantes la puerta abierta para participar opinando. No hay tal cosa como "comisión directiva", "coordinadores generales" ni delegaciones de ningún tipo. Esta voluntad de consenso, apertura e integración, se deja ver en la práctica por el modo en que se proponen las relaciones internas en las actividades del colectivo. Esto hace que exista una coherencia de hecho entre las proposiciones generales que los mueven, el ejercicio de su actividad y la dinámica de su organización interna.

No hay más aglutinante que una serie de valoraciones generales como punto de partida y como aspiración general. No se escuchan opiniones hegemónicas, y a la hora de entregarse a las conversaciones más abstractas en las que se comparten ideas, entusiasmos y utopías, cada uno se encarga de hablar por su cuenta para no comprometer a los demás en las opiniones propias, y para no postergar las opiniones propias. Esta serie de valoraciones generales tiene resonancias claras en el campo de la militancia socialista que nace de las experiencias tradicionales como intento de superación. Sin embargo no hay una voluntad partidista ni susceptible a la cooptación partidaria, probablemente por tratarse de una genuina experiencia de superación.

Desde el punto de vista de mi investigación, completamente teórica, detrás de la idea del taller vincular, la experiencia práctica de La Oruga y las reflexiones de sus miembros a partir de ella es muy enriquecedora. No se les pasa por alto la dificultad concreta a la que se enfrenta cualquier proyecto formativo que ponga en cuestión las bases sobre las que se monta la educación formal tradicional, y no evaden las reflexiones al respecto. Esto coloca a la experiencia en el terreno de la genuina búsqueda de transformación social en tanto los prejuicios o preconceptos están reducidos a un mínimo indispensable. Lo práctico y lo especulativo, en el sentido filosófico, no parecen ser mundos en oposición sino que se articulan entre sí como necesarias consecuencias uno del otro. Lo práctico da materia de reflexión y la reflexión da nuevos encuadres para lo práctico. Este mecanismo básico suele ser difícil de encontrar en la medida en que las experiencias educativas suelen estar en función de encuadres teóricos previos en tanto pedagogías o didácticas particulares dispuestas al ensayo. En este caso la importancia del juego como ruptura de una polarización tradicional de la vida escolar (aula/ley-recreo/desorden) y como dinámica capaz de promover valores formativos coherentes con la propuesta del grupo parece ser el único punto de partida, o al menos parece haber sido el primero. Lo demás es puro aprendizaje colectivo.

Los asuntos del barrio forman parte del material pedagógico más preciado de La Oruga. Pintar los bloques cementicios que obran de asientos junto a las mesas de mate o ajedrez es una de las actividades que proponen a los chicos del barrio. Todo aquello que promueva la identificación de los niños particularmente (de todos en general) con el lugar en donde viven, desde una visión social de política autónoma, es utilizado con miras a recomponer una imagen interna de los vecinos en tanto sujetos sociales, agentes políticos autónomos capaces de actuar en su realidad social inmediata y responsables de ello. Para eso se trabaja y se atiende a las relaciones internas de los chicos que participan en los juegos. Queda pendiente para mí una observación atenta de las prácticas "docentes" que en ese sentido se ponen en juego en los talleres.

"te dicen seño"

Una de las bases más complejas y significativas de la educación formal tradicional que conflictúan los emprendimientos de educación popular, es la relación de poder entre docentes y alumnos. Más allá de las palabras implicadas, los miembros de La Oruga tienen claro que "no se trata de iluminar a nadie". La actitud es la de promover experiencias colectivas intentando diluir en todo lo posible la impronta docente en tanto condicione la subjetividad y la autonomía de las personas, niños o adultos, que participen en los talleres.

Sin embargo, conversando en torno a esto, uno de los miembros del grupo dice "nosotros cuestionamos algunas cosas". Se refiere a que los aspectos cuestionables de la práctica educativa tradicional seguramente sean más de los que de hecho ellos pueden poner en cuestión. En esto, en realidad, hay implícita una resultante de fuerzas entre lo deseable en función de una sociedad mejor, y la contingencia de lo posible mientras tanto. No se trata de una resignación tanto como de una circunscripción a lo practicable. Y es que, justamente, La Oruga es una experiencia práctica.

La escolarización, con todas sus características, es una función cultural arraigada en lo individual y en lo colectivo de esta sociedad. Adquiere probablemente una categoría sacra casi eclesiástica, al punto de que forma parte de la estructuración moral de una mayoría fatal, que incluye dolorosamente a los no escolarizados. De esta forma, el cuestionamiento de los roles de liderazgo, como el rol docente, desde el punto de vista del poderoso (líder-docente), se choca con una demanda del sometido o dependiente (del seguidor, del alumno) que acepta y asume esa condición en una sociedad estratificada. Esto es lo que yo encuentro detrás del comentario de una de las chicas: "te deicen seño", o "las madres les dicen a los chicos 'andá a mostrarle a la maestra'".

No hay presunción de "maestría" por parte de los miembros de La Oruga, pero en ocasiones sí existe esa demanda. Esto obliga a asumir, a veces, roles de dominación que serían por ellos tal vez indeseables. El ejemplo en sus palabras es elocuente: "no venimos a iluminar a nadie, pero si hay dos chicos peleándose intervengo con autoridad", dice uno de los miembros. Es decir, no se puede dar lugar a que la práctica genere situaciones opuestas o contraproducentes a los valores que con ella se intenta promover. Éste es un punto conflictivo en los ámbitos activos de la educación popular, porque el discurso estructural de la dominación constituye dependencias de forma tal que no es posible simplemente no ejercerlas, sino que es necesario que no sean ejercidas, mediante la demanda, tampoco desde abajo. Y es que existe un abajo y un arriba en la educación cuyo cuestionamiento no puede reducirse a una "burocracia moral" donde los intentos de preservación de una cierta "pureza ideológica" dé lugar al fortalecimiento de aquello que supuestamente se cuestiona.

Esta lectura va más allá del planteo que me convidaron los miembros de La Oruga, pero está implícito, desde mi punto de vista, en su relato. En diálogo con ellos observo una línea de reflexión con una grado de compromiso más que respetable que indaga en la propia experiencia con honestidad. En este marco, los ejes de análisis son tan diversos que agregan valor a la experiencia en tanto fuente de reflexión colectiva. La Oruga ejerce un cuestionamiento práctico que deja sobre la mesa, y al alcance de todos, la posibilidad de tomar la posta y promover actividades similares en cada barrio, pero también la posibilidad de lanzar múltiples lecturas diversas sobre lo que están haciendo, sobre lo que podemos hacer y sobre lo que hacemos. En esto radica la fuerza de una práctica que pone en cuestión mucho más de lo que alcanza a cuestionar, empezando sin excusas a cuestionar lo que está a su alcance.

"algunos no tenemos internet"

El sábado pasado participé del taller de lectura colectiva que cada quince días se pone en práctica en el ámbito de las actividades de La Oruga. Un círculo recortado en papel, apoyado en el piso como si fuera una alfombra, constituía la demarcación del espacio de encuentro. En torno a él nos agrupamos y sobre él pronto aparecieron algunos libros. Los coordinadores llevaron propuestas: Galeano, Guillén, Cortázar, Montoya y una canción de Horacio Salinas. A diferencia de otros encuentros, el de hoy era de "tema libre".

La composición del grupo era diversa: vecinos que se acercaron a encontrase con la literatura como vehículo. En verdad no sólo literatura; se lee lo que aparezca: periodismo, ensayo, canción, lo que sea (en todo caso, desde el punto de vista de uno de los coordinadores, de algún modo todo es literatura, en la medida, entendí, en que la literatura es más una forma de leer que una forma de escribir). Éramos dos los nuevos, en un grupo que no tardó en tener al menos diez integrantes.

No anoté los nombres y tengo una facilidad particular para olvidarlos, así que Roberto muy probablemente se llamara distinto. Se trata de uno de los participantes recurrentes de los talleres de lectura y escritura. Su aspecto, inevitablemente, denota su indigencia. Al comienzo de la reunión, comentó que en otras ocasiones el grupo se había abocado a conversar acerca de las cosas que habían pasado a cada uno en la semana, lo que me dejó entender que deseaba un momento de encuentro y de contención mutua colocado en el habla más que en la lectura, y en el relato íntimo y expresivo más que en la recreación colectiva de la expresión de un otro. o, en otras palabras, en hablar de sus asuntos en vez de leer.

Nadie respondió a eso. Simplemente se siguió con el plan de la convocatoria sin darle respuesta. Los coordinadores no supieron qué hacer, pero los participantes no asumieron ninguna responsabilidad al respecto (yo gocé de inmunidad diplomática: estaba ahí por primera vez y en la mezquina condición de privilegio de observador-participante).

El taller siguió su curso con sucesivas lecturas y comentarios. Ya hacia el final, uno de los coordinadores me preguntó acerca de la publicación de enta. Le contesté que estaba publicado en internet, y esto detonó la reacción de Roberto. Ofendido, se levantó para irse y se detuvo a protestar: "Algunos no tenemos internet", dijo. "Es algo que tenemos acá arriba", dijo después, haciendo un ademán con su mano sobre su cabeza, arriba de la coronilla, es decir, arriba de ese lugar presuntamente dispuesto para una corona que jamás tendrá. Dos coordinadoras fueron a buscarlo cuando se fue. Ellas suelen invitarlo a participar y le insisten cuando se niega.

La reacción de Roberto afectó al grupo que luego charló sobre el tema. Se hicieron planteos acerca de la función del taller, acerca de cómo contener afectivamente a quienes necesitan eso, acerca de la discriminación, de las culpas, de la condición de Roberto. De esto último se habló más que de la condición de cada uno de los que estábamos allí. Se dudó de su sanía mental, de los motivos que pueden llevar a alguien a no aceptar la ayuda institucional que ofrece el Estado (parece que es el caso de Roberto) y seguir viviendo en la calle, pero nada se dijo en ese orden acerca de la sanía de nosotros los otros.

Yo me atreví a mencionar el rencor, ese rencor estructural de quien, siendo discriminado sistemáticamente, asume esa discriminación y acaba por ejercerla en su contra. Fue la forma que encontré de hablar del simpoder. Observé que la actitud que mueve emprendimientos como éste está ligada a una valoración positiva de la vivencia de quienes están marginados de una soociedad patológica que discrimina, somete, aísla, condena, margina, de una sociedad que se intenta cambiar en favor de quienes más la están sufriendo. Y observé lo difícil que resulta poner esto en práctica, situación que obliga a lidiar con las dos mitades de este mundo refractario, esas que están en contacto a través de una interfaz de refracción que produce aberraciones ópticas, y que devuelve parte de la luz como un reflejo, esa interfaz a veces traslúcida y a veces espejo. De alguna manera nunca vemos lo que el otro muestra, y a veces nos vemos obligados a ver un descarnado reflejo de nosotros que nos aturde con la elocuencia de una maldita realidad.

Éstas son algunas de las condiciones de realidad con las que lidian quienes intentan lo que intenta La Oruga, y que agregan valor, en mi opinión, a estas prácticas concretas, reales, efectivas, de las ideas que circulan por las calles de una sociedad en busca de sí, intentando recrearse, intentando modificar esta miseria colectiva en la que vivimos, algunos acostumbrados y otros no, otros siempre incómodos, activos, rebeldes.


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Comentario

Esta sub-sección de probando el guiso (crónicas y entrevistas) viene a recibir las crónicas y entrevistas que forman parte de la investigación práctica que estoy llevando a cabo para dar cuenta de los activos sociales vigentes en Buenos Aires, con particular interés por aquellos que tienen relación con la crisis cultural de 2001.

Las reflexiones que pueblan los párrafos de las crónicas y que puedan formar parte de los textos de las entrevistas son de mi entera responsabilidad, en tanto que no pretenden pensar ni hablar por los demás, y solamente aquello que esté entre comillas, o directamente asignado a un entrevistado, puede ser atribuido a quien se lo atribuya particularmente en el texto, con la convicción de que no está en mi voluntad ni en mi conducta la manipulación de los textos de los otros. Sí es, obviamente, posible el error. Si algún lector, y particularmente algún involucrado, piensa que he incurrido en uno, agradeceré que me avise para solucionar lo solucionable.

En definitiva, en esta sección escribo a partir de otros contando lo que vi, más que lo que hacen, y lo que entendí, más que lo que me dijeron. Agradezco desde ya a quienes me van permitiendo hacer esta labor compartiendo su experiencia conmigo. Seguramente no todo será publicado, no todos estaremos de acuerdo y cada quien se quedará con su impresión de lo acertado, correcto o valioso que pueda ser lo que se está haciendo, incluyendo esta labor. No obstante, estamos refiriendo entre sí experiencias prácticas ligadas, de una u otra forma, a una voluntad de transformación que es un primer paso irrenunciable e imprescindible.

Que sirva, pues, toda esta puesta en marcha como experiencia colectiva.

Septiembre 14, 2006

Mirarnos los ojos: las formas de todos los romances.

El hábito de sustantivizar infinitivos existe desde quién sabe cuándo. Existen el decir y el hacer, el comer y el fumar, el amar, el temer, el partir, casi como el tango. Esta práctica de sustantivizar infinitivos circunscribe el infinito del infinitivo y lo congela como una foto, designa una generalidad de posibilidades afectadas por las condiciones de posibilidad de una lógica particular, es decir por el universo de las posibilidades que se saben, que se corresponden a su vez con las acciones universalizadas en un verbo que no es conjugado. Este nuevo sustantivo designa entonces el dispositivo vigente que se corresponde con ese universo de posibilidades. Esto significa que cuando decimos decir, tomando este decir como sustantivo, designamos el dispositivo de decir, es decir, las tecnologías, instituciones, mecanismos, ocurrencias, éticas, etc. relativas a decir dentro de la lógica vigente.

Es precisamente por esto que, ante la dualidad generada por la sustantivación del verbo poder, me inclino por reservar el sustantivo a la mayúscula valorativa de la lógica vigente. Si hablamos de asumir el poder yo prefiero hablar de asumir el Poder, y que esto signifique hacerse con el dispositivo de las potencias dentro la lógica actual.

De aquí surgen inmediatamente dos preguntas que son casi la misma: ¿cuál es la lógica actual? y ¿cómo se puede? Las dos preguntas son casi imposibles de responder. La primera es absurda porque su sentido es trasgresor, va más allá de lo concebible porque pretende dar cuenta de las referencias que usamos para dar cuenta. Es como intentar mirarnos los ojos.

La segunda pregunta es la que, en este contexto, más se acerca a responder la primera. Pero para esbozar una respuesta necesitaremos develar la significación de un verbo primitivo. Quiero referirme con esto a que poder es uno de aquellos verbos, como ser, comer, hacer, etc., cuyo registro se remonta a los orígenes del lenguaje, lo que equivale a decir que son verbos cuyos antecedentes se pierden en el tiempo.

La Real Academia Española (RAE) define la palabra poder en sus dos acepciones, es decir como verbo y como sustantivo. En esa definición elaborada, podemos encontrar una primera lectura en la primera acepción: Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo. Es decir, el poder es un infinito que engloba las capacidades concretas, listas para usar, aunque supone una variedad de poderes en la medida en que haya más de un algo. Sufre con esto la misma suerte que la palabra libertad: ya no hay una idea general como categoría autónoma, sino una puntualización contingente de asignaciones particulares.

Pero más allá de eso, podemos ver que la definición contiene al definido. En este sentido, decir que poder equivale a tener expedita potencia es una redundancia. Y este es un primer punto interesante: existiendo la palabra potencia, ¿por qué sustantivizar el infinitivo del verbo poder? ¿o no es la potencia una expedita facultad?

La RAE define potencia como Capacidad para ejecutar algo o producir un efecto. No hace ninguna mención acerca de lo expeditiva o no que deba ser la producción. Quiero decir que, como en la física, lo potencial es aquello que puede ocurrir, que está dispuesto a la ocurrencia, pero que no ocurre. La energía potencial es aquella que, de algún modo, no está desplegada y espera: el consumo de esa energía (la puesta en acto de esa potencia) es una posibilidad. Según RAE, la posibilidad es la aptitud, potencia u ocasión para ser o existir algo.

Por lo que vemos, según la RAE, en el orden de las primeras acepciones, es imposible definir las palabras poder, potencia o posibilidad sin recurrir en las definiciones de cada una a la utilización de las otras. ¿Por qué? Porque son palabras que están ligadas al origen del lenguaje. Las tres palabras son la misma: potis.

Potis es la palabra indoeuropea que, según la etimología, dio lugar a la palabra latina posse, que significa poder. Esta palabra era utilizada para mencionar al jefe.

Según el diccionario etimológico Corominas, la palabra castellana poder proviene del latín vulgar potere y éste, a su vez, del latín clásico posse. Es interesante el artículo de Corominas correspondiente a la entrada poder, de donde tomo el fragmento siguiente:

En latín clásico la conjugación del verbo posse resultaba de una complicada combinación de relaciones analógicas entre las formas de un antiguo verbo simple potere, [...] y la combinación potis esse “ser capaz” contraída en posse. Del antiguo verbo simple se conserva el participio activo potens y el tema perfecto potui, partiendo de los cuales la lengua vulgar recreó una conjugación regular en su mayor parte, con un nuevo infinitivo potere: de este proceden las formas de todos los romances.

Esto da cuenta, en la medida en que nos dejemos aconsejar por Corominas, de una relación vinculante entre potis y poder, y también potencia y posible cuando los señala como cultismos: posible, de possibilis íd; posibilidad.

Pasando, entonces, esta información en limpio, podemos decir que hay una relación semántica entre las palabras poder, potencia y posibilidad que las vincula entre sí y, a su vez, con la condición del jefe, a través de la palabra indoeuropea potis.

Esto nos lleva a pensar una primera tentativa de respuesta a nuestra segunda pregunta: se puede mediante la potencia, y esta es la característica de la condición del jefe.

A partir de la fundamentación anterior, esta primera tentativa de respuesta se sostiene en la combinación potis esse que Corominas traduce como ser capaz. Veamos qué nos dice la RAE respecto del significado de la palabra capaz: Que tiene ámbito o espacio suficiente para recibir o contener en sí otra cosa. Y ¿en qué se toca esto con potis? En dos cosas. La primera reúne la capacidad y la potencia a través de la energía potencial: lo que es capaz de ser llenado tiene la posibilidad de verter. Existe una potencia en la condición de la capacidad, sea por el hecho de que el recipiente puede contener aquello que se le da, o sea por el hecho de que el recipiente es capaz porque está vacío, es decir, existe la posibilidad de ser llenado. Esto da lugar a la segunda relación entre la capacidad y el jefe, que es un tanto más rebuscada pero igualmente interesante: el jefe es capaz de recibir un mandato. El jefe entonces es una vasija en la que se vuelca una carga simbólica que le da razón de ser dándole potencia.

Aquí hay una inversión lógica. Quiero decir que asignarle al jefe (potis) la significación que a la capacidad le damos a través de la palabra potencia es invertir el curso lógico de asignación de significados que la etimología ayuda a pensar. Lo que es interesante aquí es ver cómo la intimidad de las concurrencias semánticas entre este conjunto de palabras nos ofrece una claridad en medio de tanto embrollo: por ahora, la forma de lo posible es un lenguaje constituido a partir de la lógica verticalizada por la institución del jefe.

Retomando entonces, y a partir de acá, la sustantivación que discuto, me remito a Corominas nuevamente para dar cuenta de que la sustantivación de la palabra poder aparece ya en el poema del Mío Cid. En ese poema fundacional, aparecen el verbo poder y el sustantivo poder. También el plural poderes. Es decir que no hay sino una forma de entender el sustantivo poder en nuestra lengua, ya desde sus orígenes remotos, y es en su acepción relativa a las capacidades y potencias del jefe, esto es, en designación de los dispositivos de sujeción y control que dan capacidad y potencia. Esto se llama dominación.

El dominio del jefe es el conjunto del reino. El poder, cuando designa función (sustantivo) establece un dominio sobre el cual esa función se aplica. Esta es la estructuración fundacional de la idea de gobierno. El gobierno, en su sentido de dominio para la conducción, es decir, en lo que lo acerca al timonel, necesita lógicamente de un dominador y un dominado, aunque sean incluso dos aspectos resultantes de la fragmentación del sujeto. En todo caso, para no irme demasiado por las ramas, hay algo troncal en el sustantivo poder y es la designación de los dispositivos de control y sujeción, es decir, de dominación, y no una evocación a las potencias sociales del sujeto colectivo.

Si el poder es infinitivo, si es incorporal, las funciones relativas a él se sustantivizan de mejor manera, creo yo, y de forma genérica, con la palabra potencia. Esta palabra nos deja un resquicio para que las prácticas efectivas del simpoder alguna vez ocurran dando a la palabra potencia su condición de fuerza agente, generadora, creativa de acto.

Adclusión

¿Cómo se puede? Pues me veo obligado a responder que actualmente sólo se puede dominando. Esto mantiene la polisemia fatal en la palabra poder. Pero a esta altura, y para que todo esto no sea al pedo, podríamos preguntar: ¿puede existir otra forma de potencia? Y ahí, jeje, se complica más la cosa. Seguramente no se puede poner en acto sino parcialmente, como intento radical, como tensión. Y seguramente podamos esforzarnos en su concepción. Esto es lo que me lleva a toda esta elucubración tan abstracta, a escribirla y a publicarla, a defender la mayúscula del Poder y la minúscula de lo posible aún en circunstancias en las que pesan más otras carencias inmediatas. Porque es quizás a través de esta diferenciación radical (entre, por supuesto, muchísimas otras cosas, muchas de ellas más urgentes y concretas) que podamos empezar a forzar nuestro lenguaje hacia una concepción otrera.

Después de todo, más allá de las revoluciones, toda subversión honesta y genuina merece una alteración radical. Y entonces, para no irme por las ramas, vuelvo a las raíces de nuestra condición humana. Del polvo venimos y al polvo vamos. En el medio, somos lenguaje.

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Notas

1 Cualquier similitud con el apellido de la familia que concentra históricamente el poder político en San Isidro es pura coincidencia.

2 Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Joan Corominas – José A. Pascual - Ed. Gredos, Madrid – Primera edición 1930, tercera reimpresión 1991 – en la Biblioteca Nacional de Maestros, ciudad autónoma de Buenos Aires, Argentina.

3 Es decir, ídem, para indicar que tiene el mismo significado. Nótese que la ausencia de acentuación en las palabras latinas es responsabilidad mía (a causa de mis limitaciones informáticas) y no, evidentemente, del original.

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Septiembre 12, 2006

cuarto mundo o la otrísima posición

Ni sí, ni no, ni todo lo contrario: "'El presidente (Néstor) Kirchner explicó allá por el 25 de mayo de 2003 que la Argentina no estaba alineada detrás de ningún país, pero nunca dijo que estaba desalineada detrás de cualquier país tampoco', dijo el ministro" [Aníbal Fernández].

la cita fue tomada de una nota del periódico platense Hoy.

Septiembre 08, 2006

apuntar al sinsentido

el sentido del pronombre: el nombre

el contexto asigna sentido al lenguaje (pragmática -ver wikipedia-). el sentido inverso es la asignación de contexto a través del lenguaje.

en matemáticas el signo indica el sentido de una función representada. el sentido está siempre inscripto en una dirección, lo cual supone la posibilidad de un contrasentido.

el sentido inverso no es un contrasentido.

desde el uso del lenguaje, el sentido está delimitado por su ausencia más que por su presencia, fundamentalmente en la expresión "esto no tiene sentido", que equivale a decir "esto no va a ninguna parte". la implicación del movimiento en la segunda sentencia deja ver al tiempo como marco delimitante del sentido. hay un antes y un después del asunto: si el después del asunto no está comprendido por los límites del entendimiento (si no es comprensible) la proposición pierde sentido.

el después negativo del asunto es el arkhé, y puede comprenderse como el "desde dónde" de la proposición.

el sentido simbólico es comprensible en un orden amplio de la ideología o de la idea. a diferencia del sentido inverso es expresión del contexto en el que está, aunque da lugar, mediante su expansión y su ser no alcanzable por el concepto, a la transgresión.

el sentido inverso es resultado de la hiper transgresión.

el antipragmatismo es la doctrina del sentido inverso.

el sentido supone un propósito.

el sentido del sentido es la significación de lo real.

el sentido del sentido inverso es la realización de lo significado.

el sinsentido es el sentido del sentido inverso.

Sienten la representación

Reportaje a Luis Zamora realizado el 22 de febrero de 2002
por Aldo Andrés Romero
publicado en revista Herramienta Número 19, otoño 2002

Hay algo de eso en parte de la izquierda, porque a mi criterio forman parte del sistema de representación. Sienten la representación, aunque sea postulándose como “los mejores representantes”. Tienen la convicción que la representación debe existir, y no se valora el rol fundamental de la población movilizada y del pueblo trabajador peleando, sino del representante. Otros le tienen miedo a la posibilidad de que el pueblo se autodetermine, porque eso significaría que también pueden cuestionarse sus propios programas. No están dispuestos a darle la oportunidad al pueblo de que se autodetermine si no coincide con su programa...

[...]

Hoy, el poderío militar, económico, cultural y político del imperialismo hace imposible pensar en derrotarlo si no es apostando a la base, a la raíz, a un pueblo autodeterminándose para avanzar y organizarse, desorganizando al enemigo: esto es la base de todo, y a partir de ahí debemos estar abiertos a todo tipo de combinaciones desde el punto de vista organizativo...

leer la nota completa en www.herramienta.com.ar

“La conciencia política determina de qué lado estás”

Entrevista a Patricio Escobar, codirector, junto con Damián Finvarb, del film documental "la crisis causó 2 nuevas muertes", sobre la cobertura periodística de la masacre de Avellaneda del 26 de julio de 2002
hecha por Florencia Copley y publicada http://www.nuestraamerica.info

Sería bueno que se fortalezca otro tipo de periodismo que no sea el de los medios grandes que manejan la agenda, que tienen un tipo de relaciones de poder con el gobierno, que están muy insertos en el sistema, aunque algunos medios digan que son progresistas. La pauta está cuando por ejemplo en el 2002 las instituciones estaban bastante debilitadas, los medios lo que hicieron fue sostener todas las instituciones porque ellos mismos son una institución, entonces si caían las instituciones se caían ellos.

leer artículo completo en http://www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/4781

Septiembre 05, 2006

Alicia Moncayo

Pasamos con Daniel junto a la placa de homenaje a Alicia Moncayo. Nos
detuvimos al verla destruida. Habíamos visto otra, no sé cuál era el
nombre de la víctima, y descubrimos ese homenaje llano, al ras del
piso, junto a los arbolitos de avenida San Juan. Pero, a diferencia
de la otra, esta placa hecha de barro y de cemento estaba
destrozada. Pobre Alicia, destrozada dos veces. No tengo la menor
idea de quién era.

placa de homenaje a Alica MoncayoNos detuvimos a juntar los pedazos para armar ese rompecabezas como
si fuera un gesto, como si fuera una escena de un film en la que los
transeúntes se detienen a juntar los pedazos de una memoria
fragmentada. Pero no era un gesto, ni era un film. Era la inmediata
curiosidad de ver a quién habían querido borrar de nuevo esa vez, con
quien habían vuelto a fracasar, la curiosidad de conocer el nombre
del destinatario de una anónima agresión y de nuestra solidaridad
firmada, esa que no tiene sino el motivo simple de la asistencia
espontánea, del estar ahí, de la urgente reciprocidad ante quien ha
caído en manos de la perrería de los tontos. Era una placa hecha
pedazos y eso nos puso delante de una memoria que no hubiéramos
tenido, la memoria de alguien a quien nunca conocimos, esa memoria
que recuerda para después un hecho, un suceso, una persona que ha
pasado y yo qué sé, si nunca la escuché, si no miré sus ojos, si
nunca había escuchado ni leído su nombre, Alicia quién serás, a
través de la placa, y lo que habrás encontrado allí.

Una pareja se acercó y se acercó un muchacho y se dio la charla
mientras el muchacho y yo juntábamos los trozos. A mis espaldas oí a
Daniel hablar con la pareja. Oi que decían que habían roto muchas,
que las placas las había puesto la asamblea del barrio, que los hijos
de puta que las rompen pretenden destruir la memoria. Pero no van a
poder. Eso contesté y asintieron. Eso hablamos con Daniel cuando nos
fuimos. Eso fue lo que de hecho ocurrió cuando cuatro sin conocernos
y sin pretender, recompusimos un gesto de memoria honrando a Alicia
Moncayo, de quien no hubiéramos tenido noticias si no hubieran roto
esa placa y si no la hubieran puesto.

Alguien debería avisarle a los rotones que al agua no la rompen a
menos que se congele. Y hay evidencias claras de que en Buenos Aires
la era de hielo ya pasó. Y esa memoria como agua riega el arbolito. Y
arbolitos, por suerte, hay muchos.

Quién lo hubiera dicho, la piedra se ha vuelto agua. Y al agua, ya
está dicho, no la para nadie.

Septiembre 01, 2006

Seguridad con trampas

Por Mex Urtizberea
en La Nación

Seguramente, podría invertirse más plata en seguridad.

Seguramente podría aumentarse mil veces la cantidad de policías en servicio.

Seguramente podría bajarse aún mucho más la edad de imputabilidad penal para los menores de edad.

Seguramente podría, incluso, implementarse la pena de muerte.

Seguramente podrían construirse más cárceles.

Seguramente podrían adquirirse más armas para la defensa propia, y dormir cada noche con una de ellas bajo la almohada y llevar otra en la guantera del auto.

Seguramente podrían ponerse más alambrados, más alarmas, más garitas, más vidrios blindados, más candados, más rejas, más cámaras de circuito cerrado.

Seguramente podría sacarse el ejército a la calle, para mayor seguridad, y, seguramente, la violencia y el delito van a seguir existiendo.

Mientras exista un sistema que excluye, margina y desprecia; mientras millones de personas vivan sin trabajo, ni alimentación, ni educación, la violencia y el delito van a seguir existiendo.

Pues no hay nada más inseguro que un sistema que margina.

Es seguro que todos queremos vivir en un país seguro.

Es seguro que tenemos derecho a exigir el fin de la violencia.

Es seguro que a todos nos gustaría poder salir a la calle sin miedo.

Es seguro que es inconcebible ser golpeado o asesinado a cambio de nuestra bicicleta, o de nuestra moto o auto, o de la recaudación de la caja del negocio, o de la jubilación.

Es seguro que es inconcebible ser golpeado o secuestrado o asesinado por dinero.

Y es seguro que un sistema que siempre beneficia a los mismos, y siempre perjudica a los mismos, y que además se asegura con todas sus armas de que esto no pueda cambiar nunca, facilita la aparición de la violencia y el delito: termina siendo un sistema inseguro.

Si lo que importa es la seguridad, no hay nada más seguro que un sistema de mayor igualdad.

No es seguro; pero tal vez las recetas viejas y convencionales para combatir la inseguridad comiencen con el tiempo a revelarse inútiles a los ojos de la sociedad.

No es seguro; pero quizá los alambrados, las alarmas, las garitas, los vidrios blindados, los candados, las rejas, las cámaras de circuito cerrado, la policía, el ejército, la pena de muerte, las cárceles por todos lados, las leyes endurecidas y el arma debajo de la almohada o en la guantera del auto no sean la forma real de acabar con la inseguridad.

No es seguro; pero tal vez la sociedad empiece a tener en cuenta otras posibilidades, y llene las plazas para exigir sin concesiones “seguridad”, es decir, reglas de juego que no excluyan, que no marginen, que no dejen sin trabajo ni alimento ni educación a muchos habitantes.

Y no es seguro, pero acaso ocurra, a lo mejor, tal vez, quién sabe, que la violencia abandone las calles, las ventanas, las rejas, y que, en las plazas, los que se junten sean los menores de edad a jugar tranquilos, pues viven, por fin, en un país seguro.

El poder de las comillas

Ufa

En medio de las fantochadas peronistas de Kirchner y de las mil obsecuencias de organizaciones cuyo prestigio ha caído en manos del mismo circo, avanzan los juicios a algunos hijos de mil putas de la talla de Etchecolatz, en el marco de la arremetida judicial sobre ellos promovida por el actual gobierno.
Así es como llegamos a un Raúl Alfonsín sentado ante un micrófono dando testimonio en un juzgado, y a la cobertura periodística del tema que, a riesgo de transformar este artículo en un pataleo de berrinche, declaro que me tiene las pelotas por el piso.

Tomo dos ejemplos emblemáticos: Página 12 y La Nación, con sendos artículos que pueden leerse aquí y aquí, respectivamente.

No voy a descubrir hoy las tendencias políticas de cada periódico. Lo que quiero protestar es el uso de los recursos periodísticos para manipular deliberadamente la historia y el acontecimiento del que se pretende dar cuenta en tanto noticia, así como la constitución de las ideas que se pretenden afianzar para la mejor utilización de los recursos humanos en favor de sendos intereses políticos y económicos.

Los artículos

De movida, dos titulares: "Que Kirchner comprenda que no nació de un repollo" (La Nación) y “Se buscaba la pacificación” (Página 12).

En el primero se pueden leer mil historias de conspiraciones que colocan a Kirchner donde está, pero con una tacitud que nada tendrá que ver con el relato que, por el contrario, da cuenta de las voluntades democráticas del ex presidente durante su gobierno, y de la complicidad del actual presidente en las acciones políticamente incorrectas (es decir, políticamente correctas en tanto han sido legales y funcionales a los intereses que las promovieron, pero éticamente cuestionadas). Me refiero (se refieren) al pacto de Olivos, a la reelección menemista y a la privatización de YPF. Es decir, atacan, con palabras de Alfonsín, a Kirchner, en el marco delimitado por el conflicto que éste último tiene con la UCR por este asunto de los radicales K o los radicales D, según los taxonomizó Mariano Grondona hace unos días, en función de las categorías opuestas de kirchneristas o dignos.

En el segundo titular se asocia directamente la posición política de Alfonsín con las corrientes pacificadoras características de los homicidas y sus cómplices, que usan la palabra pacificación como eufemismo de inmunidad, impunidad y amnistía. Esta asociación es perfectamente coherente con la histórica posición reduccionista de Página 12 al respecto.

Ambos artículos titulan con expresiones propias de Alfonsín, según lo señalan las comillas. Lo que sigue son imputaciones de cada uno de los artículos a dichos de Alfonsín (transcriptos textualmente según las mancias del copy & paste):

La Nación: "Los jefes del Estado Mayor -dijo Alfonsín- eran defensores de las instituciones del Estado, pero me hacían conocer la situación en que se encontraban las fuerzas que comandaban, presionándome de alguna manera para obtener la amnistía. A nadie se le puede ocurrir que nosotros podríamos haber procesado a mil militares en actividad, no teníamos la fuerza necesaria para hacerlo."

En otras palabras: Alfonsín cedió a las presiones de un cierto sector, que para nada incluía a las autoridades militares, en un momento en el cual no había más opciones.

Página 12: La estrategia del abogado defensor Luis Boffi Carri Pérez consistía en probar que las leyes de impunidad no se aprobaron por coacción. En ese sentido se dirigieron sus preguntas. “Me niego a decir que fuera extorsionado, pero los jefes del Estado Mayor me hacían conocer la situación en que se encontraban las fuerzas que comandaban y eso me hacía suponer que era necesaria una solución”

En otras palabras: Alfonsín defendió a Etchecolatz (en el artículo se aclara, a diferencia del otro, que Alfonsín asistió a declarar como testigo de la defensa) en medio de una estrategia legal, negando que haya sufrido presiones.

Página 12: “Dictamos esas leyes con dolor. Queríamos evitar la interrupción del orden constitucional. Se buscaba la pacificación del país”

En otras palabras: otra vez la pacificación: alfonsín, además de hipócrita, es malo malo malo.

La Nación: "Había presiones muy duras. No podíamos llevar a mil militares en actividad a proceso, no teníamos la fuerza necesaria. Dictamos esas leyes con dolor. Queríamos evitar la interrupción del orden constitucional. Me agrada que en estos momentos se pueda hacer justicia"

En otras palabras: no había más remedio, pobre Raúl.

En definitiva, coexisten la acusación y la defensa. Alfonsín como responsable de la impunidad de los represores de la dictadura, y Alfonsín como promotor de los juicios a las juntas, víctima de los condicionantes políticos de la época. Y todo con palabras de Alfonsín.

En el artículo de la Nación no aparece la palabra pacificación, ni la supuesta ironía del ex presidente con la que comienza el artículo de Página 12: “¿No soy yo el imputado, no?” ironizó.

En una subnota de Página 12, dentro del mismo artículo, titulada el repollo de kirchner, se da lugar a la aclaración: “Me jugaba en la época del Proceso cuando otros no aparecían y ahora critican”, se quejó el ex presidente, que dijo comprender los abucheos de H.I.J.O.S., que “ conocen y sufren lo que ocurrió” [...] “Kirchner quiere hacer creer, sobre todo a los que tienen menos de 30 años, que recién ahora se está iniciando la lucha por los derechos humanos, como si no hubiera habido juicios a las juntas”. Pero la nota principal termina diciendo: no pudo con su genio: “Quienes tienen 30 años ni saben lo que ocurrió, por ese motivo se pueden hacer prédicas que niegan la historia”, aseguró. El ex mandatario se marchó entre los abucheos de los militantes de H.I.J.O.S.

¿En qué quedamos?¿Respeta o no respeta el entendimiento y el conocimiento de H.I.J.O.S.?¿Acusa una manipulación o es un necio viejo y descangallado? Y esta confusión, ¿es propia de las contradicciones del descangallado o es responsabilidad de los recortes periodísticos?

En definitiva, se ven a las claras los personajes que ambos periódicos pretenden construir con el rostro de Alfonsín, de un Alfonsín ex presidente que juega el juego que siempre jugó, el de la manipulación política y mediática, la negociación en las sombras y las declamaciones éticas mucho más arrogantes y épicas que las trenzas que trenza.

Las ideas

En realidad, lo que busca La Nación no es reivindicar a Alfonsín y a su trayectoria democrática (a la que se opuso históricamente) sino respaldar la candidatura de Lavagna en contra de Kirchner. En este momento Alfonsín y la Nación (junto con Duhalde) están detrás de la promoción de Lavagna como candidato capaz de disputarle el trono a Kirchner, en representación del sector corporativo de la política argentina que derrocó al delarruísmo, aparateó las asambleas barriales, bastardeó la reacción popular y reconstituyó las hegemonías políticas, colocando en el gobierno a un Kirchner que se les infló como un seamonkey. Así fue cómo la candidatura del ex ministro fue lanzada, mucho antes de su lanzamiento, en el programa de Mariano Grondona por representantes de distintos sectores, entre los que estaban representados el duhaldismo y el alfonsinismo, este último en la persona de Ricardo Alfonsín, el hijito. Por eso, en medio de la promoción de conflictos entre Kirchner y los militares, entre Kirchner y la iglesia, entre Kirchner y la oposición, etc etc, La Nación ocupa sus líneas en golpear la imagen del presidente y de sus aliados y obsecuentes, y toma partido en la ruptura del radicalismo por el alfonsinismo.

Por otra parte, lo que hace Página 12 es fortalecer la imagen del presidente, más que atacar a Alfonsín. Por eso, en medio de la promoción de conflictos entre Kirchner y los militares, entre Kirchner y la iglesia, entre Kirchner y la oposición, etc etc, Página 12 ocupa sus líneas en respaldar la imagen del presidente y de sus aliados y obsecuentes, y toma partido en la ruptura del radicalismo por los radicales que negociaron con el kirchnerismo, así como exagera posiciones de apoyo a las organizaciones como HIJOS, Madres o Abuelas, compañeras de palco de los actos de propaganda kirchneristas, en la misma línea de Canal 7, Canal 13 o Canal 11. El enfrentamiento entre dos estructuras políticas en competencia por la representación del mismo sector de la burguesía nacional se deja leer entre los renglones de los diarios. De esta forma, entre comillas, todo es mentira.

Yo tengo 32

Según Página 12, Alfonsín no pudo con su genio: “Quienes tienen 30 años ni saben lo que ocurrió, por ese motivo se pueden hacer prédicas que niegan la historia”, aseguró.

Hay muchos que sabemos lo que ocurrió. Pero saber, en estos casos, no significa demasiado.

En esto quiero ser prudente. Los hechos y la historia son cosas distintas. Hay hechos contrastables, pero su significación nunca es objetiva, y lo que la historia atiende es la significación de los hechos. Así es como puede haber tanta diversidad de opinión ante algunos episodios aparentemente tan claros y evidentes.

Uno de estos episodios es el que hila el juicio a las juntas, las leyes de punto final y obediencia debida, y los posteriores indultos. Es cierto que la diferencia generacional traza diferencias de lectura y, en muchas ocasiones, genera distorsiones de perspectiva, análogas a las que ocurren cuando uno mira a las cosas desde lejos, pero análogas también a las que ocurren cuando uno las mira desde cerca.

En todo caso, a mí me toca recordar las noticias del juicio, del mismo modo como me toca recordar las dudas familiares de los festejos del mundial, como me tocó estar en la plaza de las famosas pascuas del 87, por voluntad propia, y del mismo modo en que recuerdo las amenazas de exilio de esa noche, después del orden de la casa y de los cristianos deseos de Alfonsín desde el balcón. Los que tenemos 30 (o 2 más) hemos vivido algo, recordamos cosas, y, sobre todo, podemos comprender bastante. Lo que permite que se hagan prédicas que niegan la historia no es la diferencia generacional, sino la manipulación de los discursos y la fabricación de Ideologías. Son las presunciones de verdad y las patrañas retóricas de los comunicadores, los educadores y los políticos las que generan ese vacío repleto, esa nada en otros términos, la plenitud de historias e ideas ajenas en las que los discursos que abajo se rezan como propios están vacíos de identidad y responden a las comillas de los otros.

El hilo

Entonces ese hilo zurce cosas muy distintas. La obediencia debida y el punto final son leyes particularmente nefastas que están inscriptas en un orden legal e institucional al que combatimos quienes promovemos la anarquía. No son leyes cualesquiera. Afectan particularmente un aspecto rabioso de nuestra identidad colectiva y miles de rabias genuinas, honestas y legítimas, identidades y desidentidades, masificaciones carnívoras, torturas y opresiones. Y, particularmente, denuncia que la constitución legal de nuestra sociedad es un padecimiento y no una libertad. La Ley es un instrumento de opresión de tal sofisticación que admite ser presentada como recurso de los libres y como garante de la libertad. Y, lo que es en este caso lo más significativo, contiene las válvulas de escape necesarias para que algunos puedan escapar. Así es como la legislación da lugar a leyes de amnistía, a indultos y a exabruptos de todo tipo, estados de sitio, etc.

A diferencia de los indultos, las leyes de amnistía pusieron fin a un proceso legal de enjuiciamiento de los homicidas cómplices del genocidio. Los indultos dejaron libres a los genocidas que habían sido enjuiciados y condenados. Pueden considerarse (y yo los considero así) aberrantes todos, pero es importante diferenciarlos. No para preservar la imagen de ningún presidente, de ningún juez ni de ningún gobierno, inaceptables todos, sino para enfrentar la manipulación de los discursos, la fabricación de historias, la rotunda mentira en la que estamos acostumbrados a vivir.

Es cierto que el procesamiento judicial de los dictadores durante el primer gobierno democrático fue histórico a nivel mundial. Y es cierto que hubiera sido imposible sin la decisión política del gobierno, como es cierto que no han sido los montoneros o la JP los únicos combatidos, perseguidos, asesinados, exiliados, de la última dictadura militar.

Los personajes de este sainete comparten camarín. El gobierno menemista derrocó al alfonsinista con los mecanismos que ya se han vuelto costumbre: cerco económico, quita de apoyo de los mercados internacionales, agitación social, campaña de prensa, saqueos, etc. En Latinoamérica siempre hay caldo para esos cultivos, siempre hay traidores dispuestos a jugar esos juegos, poblaciones hambrientas, tensiones políticas, intereses extranjeros, etc. Así fue como recuperó el gobierno el peronismo a principios del 2002. La caída del gobierno delaruista a fines del 2001 contó con las mismas características, pero produjo mayores desastres en la inmediatez (me refiero a los 30 muertos) y fue pergeñada por una coalición de fuerzas políticas que incluyen al alfonsinismo, al duhaldismo y al alvarismo, representando al sector de la burguesía nacional que fue derrocado en el 89. En cierto punto, Alfonsín habla del repollo de Kirchner porque lo conoce muy bien.

Ninguno de todos estos monstruosos agentes de la coacción y de la coerción, representantes del Estado en tanto institucionalidad política pero, fundamentalmente, en tanto institución cultural, goza de mi respeto. Pero me rompe soberanamente las pelotas que se de lugar a la demonización de un gobierno pasado por hacer, en tiempos en los que los costos y los riesgos eran muchísimo mayores, lo mismo que el gobierno presente hace, y al que por eso se instituye como héroe de las luchas sociales.

Esta demonización sólo puede dar lugar al fortalecimiento del gobierno como lógica y al Estado como lenguaje, fortaleciendo al principal enemigo de las luchas sociales mediante la delegación de la autoridad a través del liderazgo. Este liderazgo se construye con la mediatización de la información, y sea en reivindicación de Kirchner o en oposición a él, la manipulación es perversa y pretende, lográndolo las más de las veces, preparar el rebaño del pastor. Hoy no protesto al Estado instituido en el gobierno. Hoy protesto al Estado instituido en la comunicación.

Sic

Los hechos son los hechos: no le importan a nadie. Lo que importa es su relato. Así es como funciona el discurso político que hoy es conocido como información. Los más grandes avances de la tecnología de los últimos años están centrados en dos ámbitos: el militar y el de las telecomunicaciones. Es lo que ha ocurrido siempre: debemos a las intensiones imperiales de los Estados Unidos de América los partidos de fútbol por la spika, gracias a la invención del transistor.

Cada vez es más intensa la diferencia entre las palabras y las cosas. Parece que hemos ido elaborando las tecnologías del discurso mientras creímos alejarnos cada vez más del reino animal donde mandan el hambre, la sed y el frío, el alimento y el refugio. Y tan lejos fuimos poniendo la palabra que la hemos ido vaciando. Pero es necesario combatir la idea de que ya no importan las palabras. Así es como fuimos perdiendo inteligencia social. El mandato de acción sin reflexión, la identificación del discurso con la burocracia y la manipulación, son la contracara de esta lejanía resalvaje.

Los demagogos saben que la palabra viene perdiendo elecciones, que ya no es verosímil, que la mentira es más probabilizada que la verdad, que la honestidad en el discurso se presume inexistente. Así es como, al tiempo que los noticieros novelan la realidad para darle impacto y notifican acerca de las telenovelas y de los cantantes latinos, aparecen las ficciones llamadas reality shows, se expande el dogma 95 (tuvo sentido alguna vez) en el cine de cámara en mano e iluminación y sonido reales, y las prolijas desprolijidades de las producciones de realidad.

Y en el papel de texto escrito, ahí donde lo único que hay es palabra contra papel o pantalla, el periodismo de la realidad pública publica sus dichos en boca de otros, razones de fantasía, verdades entre comillas.


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Notas

1 Uso la mayúscula para referirme a la imposición ideológica en el marco de las elaboraciones que hice en en torno a la anarquía. Para más detalle, ver la Idea de la idea es la idea de la Ideología.

2 Nunca se sabe muy bien quién recuperó a quién.

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