Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tu luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
Himno a Sarmiento
Recuerdo cuando era niño que una vez,
en un número especial de una revista educativa,
pudo ser billiken o anteojito, vino un sistema de plástico
de cinco caras ensamblables y una tapa
que servía para moldear los huevos duros
y dejarlos cuadrados.
planteo
Parto de una hipótesis que puede ser presentada de la siguiente forma: la composición semántica de la palabra educación está presente en su etimología y es concordante con el sentido de todas las prácticas educativas. Detrás de esta hipótesis existen presupuestos que forman parte de los planteos generales del desarrollo presente en torno a la anarquía. Voy a señalar dos que son los que considero más relevantes: 1- la composición semántica de un término expresa las formas ideológicas en las que está inmerso como nombre de una idea y 2- la totalización de ideas y prácticas sociales a través de la determinación de un único elemento unificante no es capaz de promover el bienestar común. Estos presupuestos pueden nombrarse como la función vital de la idea y su relación con la palabra, por un lado, y la proposición de la anarquía como ruptura del orden cultural vigente, por otro. No serán desarrollados aquí.
Lo que intentaré en este escrito es deconstruir semánticamente la educación como idea y confrontar esa deconstrucción con la educación como práctica social histórica. Para eso haré un repaso tanto de la etimología como de ciertos episodios históricos que considero oportunos para el caso argentino. De aquí espero obtener un esbozo de formalización ideológica de la educación, seguramente fragmentario e insuficiente, que acompañe la crítica a la escuela elaborada sintéticamente en el artículo “¿Qué es la escuela? Hacia una formalización ideológica”. Estos dos textos tienen el propósito de contribuir a la elaboración del marco ideológico del taller vincular como desafío hacia la creación de un espacio formativo anárquico.
Ni con la especulación etimológica ni con las referencias históricas pretendo negar el hecho de que las experiencias, y por lo tanto los términos y las ideas, se adecuan a las coyunturas, a las subjetividades, y a los contextos particulares. Sin embargo, es prudente señalar que ciertas veces estos no modifican ideas o ideologías ancestrales o atávicas que sustentan la experiencia. Aggiornar no necesariamente implica transformar, y esto es lo que ocurre y ha ocurrido, según mi opinión, con eso que nombramos educación, no porque no se hayan modificado muchas prácticas concretas, sino porque esas prácticas han tenido y tienen, a lo largo de la historia de occidente, un sentido social que se mantiene o que se reproduce, según se lo quiera ver, y que es lo que nos lleva a usar el nombre. Los sentidos vigentes de la educación involucran, aún desde las consideraciones progresistas o revolucionarias, aquél sentido que dio lugar a la palabra, aunque en ese aggiornamento se haya corrido un velo que oculta su aspecto fundamental. Intento destilar aquí precisamente ese aspecto; lo histórico y lo etimológico, en tanto antecedentes necesarios, no son más que el recurso más adecuado que encontré.
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